ÉPOCAS
CATALINA SOJOS
Época
de lluvias ésta. Época en la que el asombro reverdece en los
colores de la naturaleza; las flores estallan en tonos iridiscentes,
los árboles inauguran sus abrigos y lanzan sus flechas al aire,
mientras las briznas de la hierba se sumergen en la tierra para
convertirse en semillas. La vida vuelve a florecer y a envolvernos en
su magia. Lejos queda la yesca, la desolación del estío y
regresamos a sentir “el olvidado asombro de estar vivos” del cual
nos habla Octavio Paz.
Época para
el lenguaje de Eudoxia Estrella, que nos presenta su obra con la
prodigalidad de la lluvia, con la misma fecundidad del agua que
obliga a la luz a manifestarse en cada pincelada, en cada forma
sustraída al lienzo, con la misma claridad y minuciosidad del
paisaje que nos ofrece la tierra después del aguacero.
Época de
agua para la creación en la acuarela; mediante trazos seguros y
esquemáticos Eudoxia, una vez más, nos ofrece su oficio creador
conseguido con tenacidad. Época para dejarse llevar por las
manifestaciones ocultas de la naturaleza, de allí esa luminosidad,
esa suerte de aura que se trasluce en su obra, la cual combina
magistralmente su vocación y oficio al placer estético del acto
creador que, además de la inspiración, “elan” o como quiera
llamársele requiere de una precisión exacta que atrape la belleza y
que, en conjunción con el arte como generador de la misma, rebase
los límites de la realidad.
Época que
hace reverdecer la imaginación en el lugar original del agua y en el
que, de pronto, la tempestad de los colores nos deja ateridos, sin
báculo ni brújula, para continuar en el lienzo limpísimo que se
sitúa ante nuestros ojos extasiados en el refocilamiento de lo
exacto y de lo bello.
Mediante
trazos sutiles al filo del desgarramiento, la artista nos envía
señales hacia aquellos sitios esenciales de su yo íntimo. Y así
nos encontramos ante una mujer y su obra en la que ella es su propio
juez y por ello se exige más, se presiona más y logra expresar su
arte único en la acuarela que nos llega límpido, sin restricciones,
sin escuelas ni secuelas ajenas a su espíritu.
Con una
técnica que llama “casualismo dirigido” la artista logra una
fusión de colores imprevistos y así surgen los sigsales, las flores
moradas de alcachofa, los bosques de agua; y se evidencian también
los seres, la niña de agua, los salasacas y saraguros, los
habitantes de los páramos, sus anacos y ponchos legendarios.
Y nos
encontramos con las saudades de Eudoxia Estrella. Las nostálgicas
formas que llevan el aterciopelado plumaje de sus trazos sensuales,
distintos, evanescentes. Personajes que no aceptan definiciones,
donde la palabra vuela entre sus pliegues y se diluye en alegorías,
en rebuscamientos concientes. Alquimia de formas y hechizos, con la
que la autora redime sus búsquedas, su trajín, su hechicería en el
pincel y en la voluptuosidad de los sueños. La suavidad de los
trazos es un artilugio para ocultar su temperamento. El oficio
pictórico de la artista es sencillamente impecable en cuanto a su
intento de plasmar la belleza.
Definitivamente
estos son los lenguajes de una pasión. Esa pasión de mujer que se
expresa en pinceladas plagadas de una energía original, traslucidas
en el lienzo de distintas maneras y, sin embargo, con la sincrónica
alabanza a lo real vivido desde la plenitud. Alegórica enseñanza de
un único estadio de alma.
En su última
etapa surge entonces lo meditativo que se convierte en nota dominante
y en actitud de balance de la propia existencia. Brota entonces el
otoño, los colores ocres, la belleza de lo viejo, el misterio de la
ausencia que adviene.
El papel
seco, húmedo, lavado se vuelve piel entre los dedos de esta
hechizada y hechicera; y comienza la danza en la que la sacerdotisa
convoca la línea, la figura, la alquimia.
Y Eudoxia
danza, danza en el agua desde su otoño magnífico, danzan sus manos
en la hoja de cartulina que, a veces se vuelve barco o prefigura una
cuna. Mece Eudoxia sus sueños y nos deja en la orilla, mece los
colores y danza la luz entre sus dedos de agua. Agua y luz. Otoño
purísimo, primaveras siempre renovadas, caos de estaciones detrás
de todas las pieles de esta mujer que lleva en su arte todas las
edades de la tierra.
(Acercamiento a la obra, Municipio de Cuenca 2010)


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