jueves, 12 de enero de 2012

ÉPOCAS


ÉPOCAS

CATALINA SOJOS
Época de lluvias ésta. Época en la que el asombro reverdece en los colores de la naturaleza; las flores estallan en tonos iridiscentes, los árboles inauguran sus abrigos y lanzan sus flechas al aire, mientras las briznas de la hierba se sumergen en la tierra para convertirse en semillas. La vida vuelve a florecer y a envolvernos en su magia. Lejos queda la yesca, la desolación del estío y regresamos a sentir “el olvidado asombro de estar vivos” del cual nos habla Octavio Paz.
Época para el lenguaje de Eudoxia Estrella, que nos presenta su obra con la prodigalidad de la lluvia, con la misma fecundidad del agua que obliga a la luz a manifestarse en cada pincelada, en cada forma sustraída al lienzo, con la misma claridad y minuciosidad del paisaje que nos ofrece la tierra después del aguacero.

Época de agua para la creación en la acuarela; mediante trazos seguros y esquemáticos Eudoxia, una vez más, nos ofrece su oficio creador conseguido con tenacidad. Época para dejarse llevar por las manifestaciones ocultas de la naturaleza, de allí esa luminosidad, esa suerte de aura que se trasluce en su obra, la cual combina magistralmente su vocación y oficio al placer estético del acto creador que, además de la inspiración, “elan” o como quiera llamársele requiere de una precisión exacta que atrape la belleza y que, en conjunción con el arte como generador de la misma, rebase los límites de la realidad.

Época que hace reverdecer la imaginación en el lugar original del agua y en el que, de pronto, la tempestad de los colores nos deja ateridos, sin báculo ni brújula, para continuar en el lienzo limpísimo que se sitúa ante nuestros ojos extasiados en el refocilamiento de lo exacto y de lo bello.

Mediante trazos sutiles al filo del desgarramiento, la artista nos envía señales hacia aquellos sitios esenciales de su yo íntimo. Y así nos encontramos ante una mujer y su obra en la que ella es su propio juez y por ello se exige más, se presiona más y logra expresar su arte único en la acuarela que nos llega límpido, sin restricciones, sin escuelas ni secuelas ajenas a su espíritu.



Con una técnica que llama “casualismo dirigido” la artista logra una fusión de colores imprevistos y así surgen los sigsales, las flores moradas de alcachofa, los bosques de agua; y se evidencian también los seres, la niña de agua, los salasacas y saraguros, los habitantes de los páramos, sus anacos y ponchos legendarios.

Y nos encontramos con las saudades de Eudoxia Estrella. Las nostálgicas formas que llevan el aterciopelado plumaje de sus trazos sensuales, distintos, evanescentes. Personajes que no aceptan definiciones, donde la palabra vuela entre sus pliegues y se diluye en alegorías, en rebuscamientos concientes. Alquimia de formas y hechizos, con la que la autora redime sus búsquedas, su trajín, su hechicería en el pincel y en la voluptuosidad de los sueños. La suavidad de los trazos es un artilugio para ocultar su temperamento. El oficio pictórico de la artista es sencillamente impecable en cuanto a su intento de plasmar la belleza.

Definitivamente estos son los lenguajes de una pasión. Esa pasión de mujer que se expresa en pinceladas plagadas de una energía original, traslucidas en el lienzo de distintas maneras y, sin embargo, con la sincrónica alabanza a lo real vivido desde la plenitud. Alegórica enseñanza de un único estadio de alma.

En su última etapa surge entonces lo meditativo que se convierte en nota dominante y en actitud de balance de la propia existencia. Brota entonces el otoño, los colores ocres, la belleza de lo viejo, el misterio de la ausencia que adviene.
El papel seco, húmedo, lavado se vuelve piel entre los dedos de esta hechizada y hechicera; y comienza la danza en la que la sacerdotisa convoca la línea, la figura, la alquimia.

Y Eudoxia danza, danza en el agua desde su otoño magnífico, danzan sus manos en la hoja de cartulina que, a veces se vuelve barco o prefigura una cuna. Mece Eudoxia sus sueños y nos deja en la orilla, mece los colores y danza la luz entre sus dedos de agua. Agua y luz. Otoño purísimo, primaveras siempre renovadas, caos de estaciones detrás de todas las pieles de esta mujer que lleva en su arte todas las edades de la tierra.

(Acercamiento a la obra, Municipio de Cuenca 2010)


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