lunes, 23 de enero de 2012

MATOVELLE ESE DESCONOCIDO...





JULIO MATOVELLE MALDONADO


DICCIONARIO BIOGRÁFICO ECUADOR

RODOLFO PEREZ PIMENTEL



FUNDADOR DE LOS OBLATOS.- Nació en Cuenca el 8 de septiembre de 1.852 y fue bautizado como Expósito y con los nombres de José Julio María por su tía Carmen Maldonado, quien lo entregó tres meses después a una pobre india de Tanda Catu para que lo criara. A los dos años fue recogido por otra tía: Isabel Matovelle Orellana, quien lo tuvo hasta su fallecimiento en 1.857. Entonces pasó a poder de una mujer del pueblo llamada María Quinde y como no tenía dinero para la manutención del niño, el sacerdote Miguel León Garrido consiguió que los padres verdaderos lo reconocieran. Estos eran el sacerdote Santiago Matovelle Orellana y Juana Maldonado, de la clase media cuencana. Ella lo tuvo consigo aunque por poco tiempo, pues lo volvió a entregar a María Quinde, que desde ese momento pasó a ser la madre definitiva.

Con la pensión de su padre pudo el niño estudiar con mucho aprovechamiento y fue “modelo de piedad, moral y aplicación. Con imaginación viva, memoria fácil y claro talento”.

A los diez años hizo voto perpetuo de castidad posiblemente acuciado por algún torpe - pues a esa edad aún no se despierta el lívido y empezó la secundaria en el Colegio Seminario, teniendo de profesor al padre Nicanor Corral, quien le inculcó una especial devoción a la virgen. Como era pobre, Pedro Ordóñez le prestaba libros y el Dr. Benigno Malo le confió la enseñanza de sus hijos.

En 1.869 el jesuita Miguel Franco lo tomó bajo su dirección. En Marzo de 1.870 ingresó a la Congregación de la Anunciata, empezó a rezar el oficio parvo diariamente, a tomar apuntes de su vida en un tomo de Memorias Intimas. En Junio se consagró a los corazones de Jesús y María y queriendo ser útil participó en la Conferencia de San Vicente de Paul y en la Sociedad de la Esperanza que dirigía su profesor Luis Cordero.
Entre 1.871 y el 72 envió varias poesías al periódico “La Aurora” tales como: A Cuba, Un Adiós, Ansiedad, Meditación, El Nombre de María, así como varios ensayos sobre Las Coronas, La Familia, Un Paseo en las Vacaciones. En 1.872 se graduó de Bachiller y por consejo del Padre Franco que le dijo: “Estudie Ud. la Jurisprudencia y después pensaré en el Sacerdocio, a fin de que sea más útil a la Patria”. Así pues, inició dicha carrera y fue electo Presidente del Apostolado de la Oración. Entonces escribió un artículo en alabanza a García Moreno, que su protector Jesuita llevó a Quito y gustó tanto que se republicó en el diario “Los Andes de Guayaquil”.

En 1.873 fue electo Presidente de la Academia San Luis Gonzaga sesionando cada semana “para forjar luchadores, infundir el catolicismo en la juventud y defender su doctrina” pero también componía versos, representaban obras de teatro y dictaban charlas científicas. En 1.874 pasaron unas vistas fijas cinematográficas que causaron sensación pues era la primera ocasión que en Cuenca se veía lo que era el famoso París.

García Moreno seguía de cerca sus pasos a través de los jesuítas Franco y Teódulo Vargas y al conocer el éxito de esas sesiones, emocionado dijo “Matovelle es el sol de la Juventud”. Ese año, su joven amigo el poeta Juan Abel Echeverría, le dedicó varios versos elogiosos.

En 1.875 colaboró en “El Cuencano” pero perdió a su protector que fue asesinado y el 1°. de Enero de 1.876 comenzó a editar la revista “La Luciérnaga” donde aparecieron sus poesías” “A mi Patria”, “Una ganancia es morir”, “Los Monos comunistas” y “La Verdadera Gloria”, así como su ensayos “El Catolicismo y la libertad, breve consideraciones sobre la libertad, política de los pueblos en oposición al Cesarismo y al Liberalismo” en 53 pags. “La Educación y la Juventud” en 2 pags. “El mundo a vista de pájaro” en 4 pags. “Principios de Moral filosófica” en 3 pags. y “Las ruinas de Tomebamba” en 2 pags.

El 26 de Febrero se representó en cinco actos en versos y con fondo musical, su tragedia “Un drama en las catacumbas”, escrita en 64 pags. e inspirada en la novela “Fabiola” de Wiseman, que Matovelle había arreglado en prosa y otra obra con el título de “San Nazario”. Ambas producciones gustaron muchísimo por su aire exótico y religioso.

Ese año colaboró en “La Voz del Azuay” y dedicó una sesión literaria el Presidente electo Antonio Borrero, quien le designó Profesor de Filosofía en el Colegio Nacional. Al producirse la revolución de Septiembre escribió el verso “Alerta Patria mía” y salió a combatir, pero enterado de las derrotas del gobierno de Galte y la loma de los Molinos, regresó a Cuenca y se escondió, semanas después fue despojado de su cátedra.

El 11 de Noviembre de 1.877 se graduó de Doctor y fue nombrado defensor de Cárceles por la Conferencia San Vicente de Paul. El obispo Remigio Estéves de Toral le designó Profesor de Economía Política, Ciencia Constitucional, Estadística y Derecho Público Eclesiástico en el Seminario de Cuenca y como no fueron de su agrado los textos que encontró en uso, compuso tres libros para sus alumnos donde entre otra ideas dijo que “La Libertad civil nace de la Biblia. Por Jesucristo ha desaparecido la esclavitud –del pecado– en el mundo, cuando los hombres se apartan de Dios éste los castiga con tiranos, la Pena de Muerte es lícita, la Soberanía se trasmite directamente de Dios a la autoridad y en los gobiernos monárquicos es un derecho no solo del Príncipe si no de su familia, contra el usurpador y el tirano no hay más remedio que la oración y la mejora de costumbres, los estados deben luchar por conservar la unidad religiosa, bien entendido que el Catolicismo es la única religión verdadera pues las demás nacen de la mentira y el Diablo” conceptos tomados de la Escolástica medioeval, totalmente en desacuerdo con las ideas imperantes en el siglo XX, llamado no sin razón, el siglo de la Luces; sin embargo, no ha faltado historiadores que por eso texto le han llamado “Arrogante reformador de las Ciencias Políticas, divulgador excelso de la buena doctrina” cuando solo fue un trasnochado expositor de ideas anacrónicas en un medio tan atrasado como era Cuenca hace más de cien años.

En septiembre de 1.877 se retiró de la vida social para dedicarse más a Dios y en Mayo siguiente dejó sus pocos bienes a una hermana y fue al seminario, tomando al redentorista Félix Grisart por confesor I hubiera sido provechoso que viajara al Seminario de San Sulpicio en París como lo tuvo pensando, pero la falta de dinero se lo impidió.

En 1.879 su amigo el Obispo Toral le conminó a hacerse sacerdote y tomó los hábitos el sábado 21 de Febrero de 1.880, entonces fue Prefecto de Piedad, preparó seminaristas, fundó la Academia de Derecho Público para divulgar los principios católicos en pugna con el liberalismo y en Junio de 1.881 sostuvo un Certamen de tres horas de duración para condenar esa doctrina. Poco después empezó a madurar la idea de fundar una Congregación destinada a honrar el corazón de Jesús y escribió sus estatutos. Por cortos meses fue párroco de Pucará y tuvo una hija en María Huanga, indígena del lugar, con numerosa descendencia en la provincia de El Oro.

En 1.883, caído el dictador Veintemilla, obtuvo del Pentaviro Luis Crodero que se decretara la erección de la Basílica del Voto Nacional en agradecimiento por el triunfo obtenido. Ese año fue electo Representante del Azuay y lució en dicha Asamblea como el más fogoso orador del grupo ultramontano y como “filósofo de fuste”, si por ello se entiende la defensa de las doctrinas de la Iglesia ecuatoriana, reterdataria e intransigente en extremo, a la que nadie atacaba; por eso defendió el diezmo y a los diezmeros, la vigencia de la Pena de Muerte, combatió a la revolución Francesa, lanzó aprobios contra la Confederación Hervética por la libertad y tolerancia de sus ciudadanos suizos y hasta habló mal de sus instituciones y leyes considerándolas instrumentos impíos por ser laicas, etc. pues no toleraba al estado moderno. Igualmente se opuso al federalismo como forma de gobierno, pidió al delegado Apostólico Sambucetti la aprobación de su Congregación de Misioneros Oblatos del amor divino” y antes de regresar a Cuenca estuvo tres meses ayudando en el Seminario Mayor de Quito al padre Pedro Schumacher, después célebre Obispo en Manabí.

El 17 de Septiembre de 1.884 recibió el permiso necesario para establecer su Congregación en el conventillo del Corazón de María, dentro de la austeridad de la vida monástica y ascética y en pleno ejercicio del ministro sacerdotal. Tenía varios seminaristas, contaba con algunos sacerdotes que le seguían fielmente y con ellos comenzó a laborar en Azogues y en las vicarías parroquiales de Gualaceo, Paute y Cañar.

En 1.885 fundó la revista religiosa “La República del Corazón de Jesús” que pronto se hizo política y aunque dejó de publicarse en varias épocas, subsistió hasta principio del siglo XX. También fue director de la Junta Promotora del Congreso Eucarístico efectuado en Quito y pronunció el discurso de inauguración. Volvió nuevamente al Congreso y en la sesión preparatoria introdujo en el reglamento la asistencia oficial a la Catedral Metropolitana para la celebración de una Misa solemne al Espíritu Santo, como acto previo a la instalación. Al terminar las sesiones fue nombrado Consejero de Estado.

En 1.887 siguió defendiendo a los gobiernos fuertes y mantuvo polémicas con el diputado liberal Dr. Alejandro Cárdenas cuando éste protestó por el fusilamiento del Coronel Luis Vargas Torres. Entonces Matovelle dijo: “Toda revolución es un crímen. Jamás Jesucristo fue revolucionario sino libertador, cosa muy diferente”. No transigía ni daba cuartel al liberalismo y ni siquiera aceptaba el llamado liberalismo católico, al que llegó a calificar de “El peor de todos”.

En Cuenca había fallecido el Obispo Toral y gobernaba en su reemplazo el Dr. Miguel León Garrido, su antiguo protector, quien le cedió el convento de la Merced que estaba en ruinas. Ese año fue de múltiples trabajos. Reactivó cinco congregaciones que estaban decaídas y renovó la labor del apostolado en Cuenca, pero tuvo que abandonar la Casa de azogues hasta que dos años después creó la Comunidad de Madres Oblatas con la Madre Uriguen y tres monjas mas, que tomaron a cargo la educación femenina en Azogues, Paute y Biblián.

Nuevamente en el Congreso el 24 de Mayo de 1.888 durante una cena ofrecida por el Presidente Antonio Flores Jijón, cuando éste refirió los experimentos y fenómenos de espiritismo y magnetismo que había visto en Europa y los Estados Unidos, observó con inconveniencia que todo aquello era obra exclusiva del demonio y citó textos latinos. Una carcajada del ministro Francés fue lo que “recibió como respuesta y cuando el silencio se hizo general, el referido diplomático le preguntó ¿y cree, Padre que el diablo existe? Matovelle se levantó airado y se despidió de mala gana. Al día siguiente, el diario “La Tijera”, relataba la escena presentándola con el aspecto de una conferencia espiritista del primer mandatario. Poco después Montevelle se opuso denodadamente a la concurrencia del Ecuador a la Exposición Universal de París, manifestando que nuestra Patria no podía sumarse a la celebración del Centenario de la Revolución impía y volvió a defender el derecho de la Iglesia al cobro del Diezmo. Por todo ello fue llamado “El Paladín de Jesucristo”.

En 1.889 editó un pequeño opúsculo sobre la Virgen de la Nube y empezó a salir por entregas su “Principios Generales de Derecho Eclesiástico” en 283 pags. con el Concordato con apéndice, declarada texto en 1.892. Ese año obtuvo la Consagración oficial del Ecuador al Purísimo Corazón de María. En 1.891 instituyó la Consagración de Oblatas de Jesús y María para la enseñanza primaria y femenina.

El 10 de Julio de 1.892 colocó la primera piedra de la Basílica del Sagrado Corazón en Quito y logró que el Presidente Luis Cordero decretara el establecimiento de la Fundación Salesiana para la enseñanza de Artes y Oficios y para las Misiones en el oriente.

En 1.894 se opuso en el Congreso a la calificación como Senador por Esmeraldas del Dr. Felicísimo López por prohibirlo el Derecho Canónico, ya que estaba escomulgado por el Obispo de Portoviejo, Pedro Schumacher, ocasionándose uno de los escándalos más grandes que ha presenciado el país pues la voluntad soberana popular quedó burlada por el capricho de un extranjero.

Al triunfar la revolución liberal “se creó un vacío entorno a Matovelle” y su estrella como Orador parlamentario se eclipsó definitivamente; pues, de allí en adelante, los sacerdotes no pudieron ser electos miembros del Congreso por prohibición expresa de la Constitución de 1.896-97.

En los meses siguientes a la revolución azuzó desde el púlpito a la población de Cuenca contra el gobierno de Eloy Alfaro y versificó y celebró con pompa el II Centenario de la aparición de la Virgen de la Nube, de la que era especialmente devoto.

En 1.897 editó “Veladas del Cenáculo: Colección de Prácticas piadosas, y Lecturas espirituales” en 206 pags. “Breves noticias históricas del Santuario de Nuestra Señora del Rocío” en 24 pags. y fundó la revista “El Heraldo de la Hostia Divina”.

En 1.898 tuvo que vivir escondido en diversos lugares pues el gobernador liberal de Cuenca, General Manuel Antonio Franco, había dispuesto su captura. Para llenar el tiempo editó “Devocionario en honor de Nuestra Señora de los Dolores y Regla de la Tercera Orden de los Servistas” en 91 pags. también comenzó a estudiar la obra del Padre Cornelio Alápide sobre el Apocalipsis (1).

A fines de 1.899 el Presidente Alfaro le ofreció un salvoconducto y pudo salir a Lima, alojándose en la Casa de Copacabana del Cercado bajo la protección del Arzobispo de Lima, Monseñor Tobar, que le designó Capellán del Colegio femenino de Santa Eufrasia en esa capital.

En 1.900 editó “La Causa del Sagrado Corazón en la República del Ecuador” y después de dos años de destierro se acogió a la amnistía decretada por el nuevo Presidente liberal, Leónidas Plaza. En mayo de 1.902 volvió a Cuenca y fue designado Canónigo Honorario pero prefirió continuar a Quito, para hacerse cargo de la prosecución de los trabajos de la Basílica, cuyo terreno quería revertirlo el gobierno. Entonces publicó “Documento para la historia de la beata Mariana de Jesús, Azucena de Quito” con un sermón del Padre Alonso de Rojas. S. J. en octavo y 436 pags.

En 1.904 fundó el periódico “El Voto Nacional” que pronto trató asuntos políticos en flagrante violación al estado laico. Mientras tanto continuaba con los trabajos de la Iglesia del Santo Cenáculo de Cuenca, pero su Orden de los Oblatos atravezaba por un mal momento y sus miembros comenzaron a devolver las parroquias para vivir comunitariamente.

En 1.906 recopiló sus composiciones poéticas en “Miscelánea” en 115 pags. En 1.907 el nuevo Obispo de Cuenca, Dr. Manuel María Pólit, quiso obligar a los Oblatos a tomar nuevamente sus Parroquias. Fueron años de intensa desazón y Matovelle debió luchar a brazo partido para defender su fundación; sin embargo, González Suárez dio por terminada la Congregación de sacerdotes del Purísimo Corazón de María que florecía en Guayaquil a través de los seguidores del Padre Nicanor Corral y Banderas, Oblato de Matovelle, dizque porque Corral era folklórico.

En 1.910 organizó una Asociación de Sacerdotes Adoradores en la Basílica y editó el mejor de todos sus libros “Imágenes y Santuarios célebres de la Virgen Santísima en la América española, señaladamente en la República del Ecuador”, en cuarto y 598 pags., así como el folleto “Historia del culto a Nuestra Señora de las Mercedes en la República del Ecuador” en octavo y 48 pags.

En 1.913 fue demandado judicialmente para que restituya ciertos bienes de la Señorita Florencia Astudillo Vintimilla, que le fueron entregados para diversas obras país. Ella era una mujer inculta y caprichosa, heredera única de padres muy ricos, que tenía por costumbres asistir a misa con varias dencellas domésticas a las que daba de varillazos para que no se distraigan en los rezos. Además, acostumbraba llevar un periquito sobre los hombros cuando salía a la calle, tapado por su mantilla para que no cayera al suelo. Estas y otras costumbres chabacanas, le habían granjeado fama de persona difícil y folklórica.

El Juicio fue escandaloso y la justicia ordinaria Condenó a Matovello a la devolución de todo lo que se había apropiado abusando de su calidad de director espiritual. Eso le ocasionó un grave disgusto y serios conflictos de orden social.

En 1.915 figuró entre los fundadores de la “Sociedad de Estudios Históricos y Geográficos del Azuay”. En 1.916 instaló la Junta Orientalista en Cuenca. En 1.917 se hizo cargo en Quito el Seminario Menor de Atocha.

En 1.919 los dirigentes ultramontanos del Ecuador consagraron el partido Conservador al Corazón de Jesús en la Basílica y ante el Padre Virgilio Maldonado, superior de los Oblatos. Ese acto político y religioso levantó gran polvadera en el país pues el nuevo Arzobispo Pólit dirigía al partido conservador con miras a tomar nuevamente el poder, utilizando métodos más sutiles que los de antaño. Matovelle nunca compartió esa táctica y mostró su descontento con dicha estrategia lanzando estrofas “que atronaban los aires y ponían los pelos de punta a los radicales de esos años de 1.922 y 1.923 cuando fueron escritas y gravadas en las puertas de las iglesias y en la fachada del templo de la Merced de Cuenca, estrofas de belicismo mariano”. Fragmento.- // Reina del Cielo ¡Oh María! / Reina nuestra os proclamamos / no ha de ser Cuenca, os juramos / ni protestante ni impía. // Virgen Madre de Mercedes, / Reino de Cielo y Tierra / de la impiedad y herejía / Defiéndenos, Madre Nuestra.//

El levantamiento armado conservador en San José de Ambi, fácilmente aplastado en 1.924, dio la razón a Pólit; pero las ideas extremistas de Matovelle cobraron fuerza de nuevo con el auge del fascismo en Europa, al punto que dividieron a la Curia ecuatoriana y a sus principales dirigentes. No está demás indicar que detrás de Matovelle se escondían los ultra de la extrema derecha ecuatoriana como Monseñor Carlos María de la Torre, Obispo de Loja, el poeta Remigio Crespo Toral, etc.

En 1.921 editó “Cuenca del Tomebamba, breve reseña de la Provincia de este nombre en el antiguo reino de Quito” en octavo y 208 pags. afirmando erróneamente que la primitiva Tomebamba estaba sobre el río Jubones.

Tras muchísimos años de profundas meditaciones sobre el tema comparando a los expositores antiguos y modernos, dio a la publicidad en Roma “Meditaciones sobre el Apocalipsis” en octavo y 1.023 pags. que constituyó un rotundo fracaso por su carácter aberrante y meramente especulativo, desprovisto de toda base lógica y científica, lo que le ocasionó una honda decepción. Efectivamente, la obra apareció en la década de los años 20 y contiene una síntesis de los expositores sobre el tema (los antiguos o sagrados y los comentarios modernos) pero su esfuerzo fue vano porque lo realizó más como una evasión, un escapismo de la dura realidad que le circundaba.

En 1.924 tuvo unas hemorragias muy tenaces y empezó a sentirse viejo y cansado. Era profesor de Religión fundamental y Apologética en la Asociación Católica de la Juventud.

En 1.926 sufrió otra hemorragia abundantísima. El 28 “quiso contrarrestar el auge de los clubes rotarios con sociedades de cultura, pues veía en ellos los tentáculos de la Masonería internacional”, cosas del Diablo (sic.) Testó el 20 de Enero de 1.929 y comenzó a preparar su discurso de ingreso a la Academia ecuatoriana de la Lengua. El 13 de Junio sintió fuertes dolores de cabeza y al día siguiente fiebre alta. Sus médicos le recetaron sangrías que lo debilitaron aún más por que tenía pulmonía y así acortaron su fin, falleciendo en paz con Dios –que no con los hombres– a los que tanto había acosado en los Congresos en razón de sus ideas políticas y luego a través del púlpito, a las 7 y 45 de la noche al día 18 de casi 77 años de edad, siendo sepultado en la iglesia del Cenáculo.

De joven había sido gallardo, moreno esbelto y de ojos indiados. En su edad provecta ascendió a planos seudo místicos y tuvo numerosas experiencias parasicológicas. Fue orador de sofismas convincente y de trasnochadas tendencias pues jamás aceptó la libertad de conciencia ni la pluralidad ideologica. Aspiraba a la existencia del estado teocrático dentro de una sociedad tradicionalmente dividida en clases como lo había dispuesto la Santa Alianza en 1.815 durante el Congreso de Viena que presidió el Príncipe de Metteinich, Canciller austríaco y Jefe de los ultra del viejo mundo. Ayudó a detener el ascenso y triunfo del liberalismo en el Ecuador por muchos años.

Sus obras completas, en 16 tomos, se editaron entre 1.930 y el 54. Se ha iniciado su causa de Beatificación aunque el consenso público es que equivocó los caminos de la Santidad extraviándose en los de la politiquería lugareña, donde escandalizó como perseguidor implacable de librepensadores, masones y liberales.

(1) Su discípulo Juan H. Peralta Vázquez publicó en 1.943 “En uno de los claustros oscuros del antiguo Colegio Seminario, residencia en otros tiempos de los padres jesuítas, se abre una puerta, que conduce a una larga y estrecha sala, alumbrada por la tenue luz crepuscular de la tarde. A los dos costados de la sala, corren dos hileras de escaños o bancas de madera groseramente trabajadas, las que van ocupando en silencio los estudiantes. Al final del aposento, se levanta una pequeña plataforma de madera y sobre ésta, descansa una antigua mesa y una silla destinada al Profesor que viene a dictar su curso de Derecho Canónico, asignatura obligatoria durante cuatro largos años, a teólogos y juristas, en los programas de enseñanza universitarias de la época. Son las cinco de la tarde, hora señalada para dar comienzo a la clase. Con toda puntualidad asoma el Dr. Julio Matovelle a las puertas del Seminario, a donde llega desde su Convento de Padres Oblatos, Congregación fundada por él , que ocupa el antiguo claustro de los padres de la Merced, en uno de los barrios del extremo sur de la ciudad de Cuenca. Todos los alumnos le saludan con respeto y entran juntos con él a la Cátedra. Es alto, corpulento y de aspecto majestuoso. Viste su manteo de paño negro, de irreprochable aseo, que conserva su brillo primitivo. Sus labios se entreabren con una leve sonrisa, que da a su fisonomía un atractivo singular, reflejo de la tranquilidad de su espíritu. Sus ojos parecen despertar después de una larga meditación, y su mirada, al través de sus anteojos de cerco de oro, es viva y penetrante. Su tez algo macilenta. Sus blancas manos, que recogen con suma gracia el manteo, con la negrura del hábito sacerdotal, distinguiéndose por sus líneas de agradable perfección; manos bienhechoras destinadas al bien y a la caridad. Después de invocar, de rodillas, la asistencia del Espíritu Divino, el Profesor toma su asiento, corre lista de sus alumnos, son numerosos: seminaristas internos y externos, aspirantes al sacerdocio y estudiantes de Derecho Civil y Derecho Público, llenan la sala obscura donde se levanta la Cátedra. Se anotan las faltas de los inasistentes y luego el Profesor abre el Texto, para tomar la lección a los estudiantes. En esta parte es severo. Las lecciones deben darse de memoria, al pié de la letra, sin interrupciones ni explicaciones arbitrarías. Si no se recita de seguida los párrafos contenidos en las dos o tres fojas del texto, el Profesor se incomoda, reprende, corrige con acritud, sin consideración a nadie; no quiere que se pierda una sola línea de sus Principios Generales de Derecho Público Eclesiástico, donde palpita y vive el pensamiento del autor, junto con el acopio seleccionado de la Doctrina. Para bien de los estudiantes no se toma la lección a todos sino a aquellos que le place el Maestro, los que deben recitar de pié, los párrafos que él indica, a modo de pregunta por fin ha terminado esta angustia de sus alumnos. El profesor comienza la explicación, su discurso didáctico, es un modelo de oratoria escolar. La palabra suave sale de sus labios con una claridad que penetra la mente y va iluminando la inteligencia del estudiante. Su elocuencia sigue el ritmo de la tesis que expone en el curso de sus lecciones. A veces, apacible, en una calma semejante al correr silencioso, de nuestros ríos. En los puntos de agitada controversia, su voz se eleva en un tono armonioso, y sus frases incisivas manifiestan lo interesante y arduo de la doctrina que defiende el profesor... “El Sr. Dr. Julio Matovelle en la cátedra, reseña Histórica del Derecho Público Eclesiástico en el Ecuador”.


No hay comentarios:

Publicar un comentario