JULIO MATOVELLE MALDONADO
DICCIONARIO BIOGRÁFICO ECUADOR
RODOLFO PEREZ PIMENTEL
FUNDADOR DE
LOS OBLATOS.- Nació en Cuenca el 8 de septiembre
de 1.852 y fue bautizado como Expósito y con los nombres de José
Julio María por su tía Carmen Maldonado, quien lo entregó tres
meses después a una pobre india de Tanda Catu para que lo criara. A
los dos años fue recogido por otra tía: Isabel Matovelle Orellana,
quien lo tuvo hasta su fallecimiento en 1.857. Entonces pasó a poder
de una mujer del pueblo llamada María Quinde y como no tenía dinero
para la manutención del niño, el sacerdote Miguel León Garrido
consiguió que los padres verdaderos lo reconocieran. Estos eran el
sacerdote Santiago Matovelle Orellana y Juana Maldonado, de la clase
media cuencana. Ella lo tuvo consigo aunque por poco tiempo, pues lo
volvió a entregar a María Quinde, que desde ese momento pasó a ser
la madre definitiva.
Con la pensión de su padre pudo
el niño estudiar con mucho aprovechamiento y fue “modelo de
piedad, moral y aplicación. Con imaginación viva, memoria fácil y
claro talento”.
A los diez años hizo voto
perpetuo de castidad posiblemente acuciado por algún torpe - pues a
esa edad aún no se despierta el lívido y empezó la secundaria en
el Colegio Seminario, teniendo de profesor al padre Nicanor Corral,
quien le inculcó una especial devoción a la virgen. Como era pobre,
Pedro Ordóñez le prestaba libros y el Dr. Benigno Malo le confió
la enseñanza de sus hijos.
En 1.869 el jesuita Miguel
Franco lo tomó bajo su dirección. En Marzo de 1.870 ingresó a la
Congregación de la Anunciata, empezó a rezar el oficio parvo
diariamente, a tomar apuntes de su vida en un tomo de Memorias
Intimas. En Junio se consagró a los corazones de Jesús y María y
queriendo ser útil participó en la Conferencia de San Vicente de
Paul y en la Sociedad de la Esperanza que dirigía su profesor Luis
Cordero.
Entre 1.871 y el 72 envió
varias poesías al periódico “La Aurora” tales como: A Cuba, Un
Adiós, Ansiedad, Meditación, El Nombre de María, así como varios
ensayos sobre Las Coronas, La Familia, Un Paseo en las Vacaciones. En
1.872 se graduó de Bachiller y por consejo del Padre Franco que le
dijo: “Estudie Ud. la Jurisprudencia y después pensaré en el
Sacerdocio, a fin de que sea más útil a la Patria”. Así pues,
inició dicha carrera y fue electo Presidente del Apostolado de la
Oración. Entonces escribió un artículo en alabanza a García
Moreno, que su protector Jesuita llevó a Quito y gustó tanto que se
republicó en el diario “Los Andes de Guayaquil”.
En 1.873 fue electo Presidente
de la Academia San Luis Gonzaga sesionando cada semana “para forjar
luchadores, infundir el catolicismo en la juventud y defender su
doctrina” pero también componía versos, representaban obras de
teatro y dictaban charlas científicas. En 1.874 pasaron unas vistas
fijas cinematográficas que causaron sensación pues era la primera
ocasión que en Cuenca se veía lo que era el famoso París.
García Moreno seguía de cerca
sus pasos a través de los jesuítas Franco y Teódulo Vargas y al
conocer el éxito de esas sesiones, emocionado dijo “Matovelle es
el sol de la Juventud”. Ese año, su joven amigo el poeta Juan Abel
Echeverría, le dedicó varios versos elogiosos.
En 1.875 colaboró en “El
Cuencano” pero perdió a su protector que fue asesinado y el 1°.
de Enero de 1.876 comenzó a editar la revista “La Luciérnaga”
donde aparecieron sus poesías” “A mi Patria”, “Una ganancia
es morir”, “Los Monos comunistas” y “La Verdadera Gloria”,
así como su ensayos “El Catolicismo y la libertad, breve
consideraciones sobre la libertad, política de los pueblos en
oposición al Cesarismo y al Liberalismo” en 53 pags. “La
Educación y la Juventud” en 2 pags. “El mundo a vista de pájaro”
en 4 pags. “Principios de Moral filosófica” en 3 pags. y “Las
ruinas de Tomebamba” en 2 pags.
El 26 de Febrero se representó
en cinco actos en versos y con fondo musical, su tragedia “Un drama
en las catacumbas”, escrita en 64 pags. e inspirada en la novela
“Fabiola” de Wiseman, que Matovelle había arreglado en prosa y
otra obra con el título de “San Nazario”. Ambas producciones
gustaron muchísimo por su aire exótico y religioso.
Ese año colaboró en “La Voz
del Azuay” y dedicó una sesión literaria el Presidente electo
Antonio Borrero, quien le designó Profesor de Filosofía en el
Colegio Nacional. Al producirse la revolución de Septiembre escribió
el verso “Alerta Patria mía” y salió a combatir, pero enterado
de las derrotas del gobierno de Galte y la loma de los Molinos,
regresó a Cuenca y se escondió, semanas después fue despojado de
su cátedra.
El 11 de Noviembre de 1.877 se
graduó de Doctor y fue nombrado defensor de Cárceles por la
Conferencia San Vicente de Paul. El obispo Remigio Estéves de Toral
le designó Profesor de Economía Política, Ciencia Constitucional,
Estadística y Derecho Público Eclesiástico en el Seminario de
Cuenca y como no fueron de su agrado los textos que encontró en uso,
compuso tres libros para sus alumnos donde entre otra ideas dijo que
“La Libertad civil nace de la Biblia. Por Jesucristo ha
desaparecido la esclavitud –del pecado– en el mundo, cuando los
hombres se apartan de Dios éste los castiga con tiranos, la Pena de
Muerte es lícita, la Soberanía se trasmite directamente de Dios a
la autoridad y en los gobiernos monárquicos es un derecho no solo
del Príncipe si no de su familia, contra el usurpador y el tirano no
hay más remedio que la oración y la mejora de costumbres, los
estados deben luchar por conservar la unidad religiosa, bien
entendido que el Catolicismo es la única religión verdadera pues
las demás nacen de la mentira y el Diablo” conceptos tomados de la
Escolástica medioeval, totalmente en desacuerdo con las ideas
imperantes en el siglo XX, llamado no sin razón, el siglo de la
Luces; sin embargo, no ha faltado historiadores que por eso texto le
han llamado “Arrogante reformador de las Ciencias Políticas,
divulgador excelso de la buena doctrina” cuando solo fue un
trasnochado expositor de ideas anacrónicas en un medio tan atrasado
como era Cuenca hace más de cien años.
En septiembre de 1.877 se retiró
de la vida social para dedicarse más a Dios y en Mayo siguiente dejó
sus pocos bienes a una hermana y fue al seminario, tomando al
redentorista Félix Grisart por confesor I hubiera sido provechoso
que viajara al Seminario de San Sulpicio en París como lo tuvo
pensando, pero la falta de dinero se lo impidió.
En 1.879 su amigo el Obispo
Toral le conminó a hacerse sacerdote y tomó los hábitos el sábado
21 de Febrero de 1.880, entonces fue Prefecto de Piedad, preparó
seminaristas, fundó la Academia de Derecho Público para divulgar
los principios católicos en pugna con el liberalismo y en Junio de
1.881 sostuvo un Certamen de tres horas de duración para condenar
esa doctrina. Poco después empezó a madurar la idea de fundar una
Congregación destinada a honrar el corazón de Jesús y escribió
sus estatutos. Por cortos meses fue párroco de Pucará y tuvo una
hija en María Huanga, indígena del lugar, con numerosa descendencia
en la provincia de El Oro.
En 1.883, caído el dictador
Veintemilla, obtuvo del Pentaviro Luis Crodero que se decretara la
erección de la Basílica del Voto Nacional en agradecimiento por el
triunfo obtenido. Ese año fue electo Representante del Azuay y lució
en dicha Asamblea como el más fogoso orador del grupo ultramontano y
como “filósofo de fuste”, si por ello se entiende la defensa de
las doctrinas de la Iglesia ecuatoriana, reterdataria e intransigente
en extremo, a la que nadie atacaba; por eso defendió el diezmo y a
los diezmeros, la vigencia de la Pena de Muerte, combatió a la
revolución Francesa, lanzó aprobios contra la Confederación
Hervética por la libertad y tolerancia de sus ciudadanos suizos y
hasta habló mal de sus instituciones y leyes considerándolas
instrumentos impíos por ser laicas, etc. pues no toleraba al estado
moderno. Igualmente se opuso al federalismo como forma de gobierno,
pidió al delegado Apostólico Sambucetti la aprobación de su
Congregación de Misioneros Oblatos del amor divino” y antes de
regresar a Cuenca estuvo tres meses ayudando en el Seminario Mayor de
Quito al padre Pedro Schumacher, después célebre Obispo en Manabí.
El 17 de Septiembre de 1.884
recibió el permiso necesario para establecer su Congregación en el
conventillo del Corazón de María, dentro de la austeridad de la
vida monástica y ascética y en pleno ejercicio del ministro
sacerdotal. Tenía varios seminaristas, contaba con algunos
sacerdotes que le seguían fielmente y con ellos comenzó a laborar
en Azogues y en las vicarías parroquiales de Gualaceo, Paute y
Cañar.
En 1.885 fundó la revista
religiosa “La República del Corazón de Jesús” que pronto se
hizo política y aunque dejó de publicarse en varias épocas,
subsistió hasta principio del siglo XX. También fue director de la
Junta Promotora del Congreso Eucarístico efectuado en Quito y
pronunció el discurso de inauguración. Volvió nuevamente al
Congreso y en la sesión preparatoria introdujo en el reglamento la
asistencia oficial a la Catedral Metropolitana para la celebración
de una Misa solemne al Espíritu Santo, como acto previo a la
instalación. Al terminar las sesiones fue nombrado Consejero de
Estado.
En 1.887 siguió defendiendo a
los gobiernos fuertes y mantuvo polémicas con el diputado liberal
Dr. Alejandro Cárdenas cuando éste protestó por el fusilamiento
del Coronel Luis Vargas Torres. Entonces Matovelle dijo: “Toda
revolución es un crímen. Jamás Jesucristo fue revolucionario sino
libertador, cosa muy diferente”. No transigía ni daba cuartel al
liberalismo y ni siquiera aceptaba el llamado liberalismo católico,
al que llegó a calificar de “El peor de todos”.
En Cuenca había fallecido el
Obispo Toral y gobernaba en su reemplazo el Dr. Miguel León Garrido,
su antiguo protector, quien le cedió el convento de la Merced que
estaba en ruinas. Ese año fue de múltiples trabajos. Reactivó
cinco congregaciones que estaban decaídas y renovó la labor del
apostolado en Cuenca, pero tuvo que abandonar la Casa de azogues
hasta que dos años después creó la Comunidad de Madres Oblatas con
la Madre Uriguen y tres monjas mas, que tomaron a cargo la educación
femenina en Azogues, Paute y Biblián.
Nuevamente en el Congreso el 24
de Mayo de 1.888 durante una cena ofrecida por el Presidente Antonio
Flores Jijón, cuando éste refirió los experimentos y fenómenos de
espiritismo y magnetismo que había visto en Europa y los Estados
Unidos, observó con inconveniencia que todo aquello era obra
exclusiva del demonio y citó textos latinos. Una carcajada del
ministro Francés fue lo que “recibió como respuesta y cuando el
silencio se hizo general, el referido diplomático le preguntó ¿y
cree, Padre que el diablo existe? Matovelle se levantó airado y se
despidió de mala gana. Al día siguiente, el diario “La Tijera”,
relataba la escena presentándola con el aspecto de una conferencia
espiritista del primer mandatario. Poco después Montevelle se opuso
denodadamente a la concurrencia del Ecuador a la Exposición
Universal de París, manifestando que nuestra Patria no podía
sumarse a la celebración del Centenario de la Revolución impía y
volvió a defender el derecho de la Iglesia al cobro del Diezmo. Por
todo ello fue llamado “El Paladín de Jesucristo”.
En 1.889 editó un pequeño
opúsculo sobre la Virgen de la Nube y empezó a salir por entregas
su “Principios Generales de Derecho Eclesiástico” en 283 pags.
con el Concordato con apéndice, declarada texto en 1.892. Ese año
obtuvo la Consagración oficial del Ecuador al Purísimo Corazón de
María. En 1.891 instituyó la Consagración de Oblatas de Jesús y
María para la enseñanza primaria y femenina.
El 10 de Julio de 1.892 colocó
la primera piedra de la Basílica del Sagrado Corazón en Quito y
logró que el Presidente Luis Cordero decretara el establecimiento de
la Fundación Salesiana para la enseñanza de Artes y Oficios y para
las Misiones en el oriente.
En 1.894 se
opuso en el Congreso
a la calificación como Senador por Esmeraldas del Dr. Felicísimo
López por prohibirlo el Derecho Canónico, ya que estaba escomulgado
por el Obispo de Portoviejo, Pedro Schumacher, ocasionándose uno de
los escándalos más grandes que ha presenciado el país pues la
voluntad soberana popular quedó burlada por el capricho de un
extranjero.
Al triunfar la revolución
liberal “se creó un vacío entorno a Matovelle” y su estrella
como Orador parlamentario se eclipsó definitivamente; pues, de allí
en adelante, los sacerdotes no pudieron ser electos miembros del
Congreso por prohibición expresa de la Constitución de 1.896-97.
En los meses siguientes a la
revolución azuzó desde el púlpito a la población de Cuenca contra
el gobierno de Eloy Alfaro y versificó y celebró con pompa el II
Centenario de la aparición de la Virgen de la Nube, de la que era
especialmente devoto.
En 1.897 editó “Veladas del
Cenáculo: Colección de Prácticas piadosas, y Lecturas
espirituales” en 206 pags. “Breves noticias históricas del
Santuario de Nuestra Señora del Rocío” en 24 pags. y fundó la
revista “El Heraldo de la Hostia Divina”.
En 1.898 tuvo que vivir
escondido en diversos lugares pues el gobernador liberal de Cuenca,
General Manuel Antonio Franco, había dispuesto su captura. Para
llenar el tiempo editó “Devocionario en honor de Nuestra Señora
de los Dolores y Regla de la Tercera Orden de los Servistas” en 91
pags. también comenzó a estudiar la obra del Padre Cornelio Alápide
sobre el Apocalipsis (1).
A fines de 1.899 el Presidente
Alfaro le ofreció un salvoconducto y pudo salir a Lima, alojándose
en la Casa de Copacabana del Cercado bajo la protección del
Arzobispo de Lima, Monseñor Tobar, que le designó Capellán del
Colegio femenino de Santa Eufrasia en esa capital.
En 1.900 editó “La Causa del
Sagrado Corazón en la República del Ecuador” y después de dos
años de destierro se acogió a la amnistía decretada por el nuevo
Presidente liberal, Leónidas Plaza. En mayo de 1.902 volvió a
Cuenca y fue designado Canónigo Honorario pero prefirió continuar a
Quito, para hacerse cargo de la prosecución de los trabajos de la
Basílica, cuyo terreno quería revertirlo el gobierno. Entonces
publicó “Documento para la historia de la beata Mariana de Jesús,
Azucena de Quito” con un sermón del Padre Alonso de Rojas. S. J.
en octavo y 436 pags.
En 1.904 fundó el periódico
“El Voto Nacional” que pronto trató asuntos políticos en
flagrante violación al estado laico. Mientras tanto continuaba con
los trabajos de la Iglesia del Santo Cenáculo de Cuenca, pero su
Orden de los Oblatos atravezaba por un mal momento y sus miembros
comenzaron a devolver las parroquias para vivir comunitariamente.
En 1.906 recopiló sus
composiciones poéticas en “Miscelánea” en 115 pags. En 1.907 el
nuevo Obispo de Cuenca, Dr. Manuel María Pólit, quiso obligar a los
Oblatos a tomar nuevamente sus Parroquias. Fueron años de intensa
desazón y Matovelle debió luchar a brazo partido para defender su
fundación; sin embargo, González Suárez dio por terminada la
Congregación de sacerdotes del Purísimo Corazón de María que
florecía en Guayaquil a través de los seguidores del Padre Nicanor
Corral y Banderas, Oblato de Matovelle, dizque porque Corral era
folklórico.
En 1.910 organizó una
Asociación de Sacerdotes Adoradores en la Basílica y editó el
mejor de todos sus libros “Imágenes y Santuarios célebres de la
Virgen Santísima en la América española, señaladamente en la
República del Ecuador”, en cuarto y 598 pags., así como el
folleto “Historia del culto a Nuestra Señora de las Mercedes en la
República del Ecuador” en octavo y 48 pags.
En 1.913 fue demandado
judicialmente para que restituya ciertos bienes de la Señorita
Florencia Astudillo Vintimilla, que le fueron entregados para
diversas obras país. Ella era una mujer inculta y caprichosa,
heredera única de padres muy ricos, que tenía por costumbres
asistir a misa con varias dencellas domésticas a las que daba de
varillazos para que no se distraigan en los rezos. Además,
acostumbraba llevar un periquito sobre los hombros cuando salía a la
calle, tapado por su mantilla para que no cayera al suelo. Estas y
otras costumbres chabacanas, le habían granjeado fama de persona
difícil y folklórica.
El Juicio fue escandaloso y la
justicia ordinaria Condenó a Matovello a la devolución de todo lo
que se había apropiado abusando de su calidad de director
espiritual. Eso le ocasionó un grave disgusto y serios conflictos de
orden social.
En 1.915 figuró entre los
fundadores de la “Sociedad de Estudios Históricos y Geográficos
del Azuay”. En 1.916 instaló la Junta Orientalista en Cuenca. En
1.917 se hizo cargo en Quito el Seminario Menor de Atocha.
En 1.919 los dirigentes
ultramontanos del Ecuador consagraron el partido Conservador al
Corazón de Jesús en la Basílica y ante el Padre Virgilio
Maldonado, superior de los Oblatos. Ese acto político y religioso
levantó gran polvadera en el país pues el nuevo Arzobispo Pólit
dirigía al partido conservador con miras a tomar nuevamente el
poder, utilizando métodos más sutiles que los de antaño. Matovelle
nunca compartió esa táctica y mostró su descontento con dicha
estrategia lanzando estrofas “que atronaban los aires y ponían los
pelos de punta a los radicales de esos años de 1.922 y 1.923 cuando
fueron escritas y gravadas en las puertas de las iglesias y en la
fachada del templo de la Merced de Cuenca, estrofas de belicismo
mariano”. Fragmento.- // Reina del Cielo ¡Oh María! / Reina
nuestra os proclamamos / no ha de ser Cuenca, os juramos / ni
protestante ni impía. // Virgen Madre de Mercedes, / Reino de Cielo
y Tierra / de la impiedad y herejía / Defiéndenos, Madre Nuestra.//
El levantamiento armado
conservador en San José de Ambi, fácilmente aplastado en 1.924, dio
la razón a Pólit; pero las ideas extremistas de Matovelle cobraron
fuerza de nuevo con el auge del fascismo en Europa, al punto que
dividieron a la Curia ecuatoriana y a sus principales dirigentes. No
está demás indicar que detrás de Matovelle se escondían los ultra
de la extrema derecha ecuatoriana como Monseñor Carlos María de la
Torre, Obispo de Loja, el poeta Remigio Crespo Toral, etc.
En 1.921 editó “Cuenca del
Tomebamba, breve reseña de la Provincia de este nombre en el antiguo
reino de Quito” en octavo y 208 pags. afirmando erróneamente que
la primitiva Tomebamba estaba sobre el río Jubones.
Tras muchísimos años de
profundas meditaciones sobre el tema comparando a los expositores
antiguos y modernos, dio a la publicidad en Roma “Meditaciones
sobre el Apocalipsis” en octavo y 1.023 pags. que constituyó un
rotundo fracaso por su carácter aberrante y meramente especulativo,
desprovisto de toda base lógica y científica, lo que le ocasionó
una honda decepción. Efectivamente, la obra apareció en la década
de los años 20 y contiene una síntesis de los expositores sobre el
tema (los antiguos o sagrados y los comentarios modernos) pero su
esfuerzo fue vano porque lo realizó más como una evasión, un
escapismo de la dura realidad que le circundaba.
En 1.924 tuvo unas hemorragias
muy tenaces y empezó a sentirse viejo y cansado. Era profesor de
Religión fundamental y Apologética en la Asociación Católica de
la Juventud.
En 1.926 sufrió otra hemorragia
abundantísima. El 28 “quiso contrarrestar el auge de los clubes
rotarios con sociedades de cultura, pues veía en ellos los
tentáculos de la Masonería internacional”, cosas del Diablo
(sic.) Testó el 20 de Enero de 1.929 y comenzó a preparar su
discurso de ingreso a la Academia ecuatoriana de la Lengua. El 13 de
Junio sintió fuertes dolores de cabeza y al día siguiente fiebre
alta. Sus médicos le recetaron sangrías que lo debilitaron aún más
por que tenía pulmonía y así acortaron su fin, falleciendo en paz
con Dios –que no con los hombres– a los que tanto había acosado
en los Congresos en razón de sus ideas políticas y luego a través
del púlpito, a las 7 y 45 de la noche al día 18 de casi 77 años de
edad, siendo sepultado en la iglesia del Cenáculo.
De joven había sido gallardo,
moreno esbelto y de ojos indiados. En su edad provecta ascendió a
planos seudo místicos y tuvo numerosas experiencias parasicológicas.
Fue orador de sofismas convincente y de trasnochadas tendencias pues
jamás aceptó la libertad de conciencia ni la pluralidad ideologica.
Aspiraba a la existencia del estado teocrático dentro de una
sociedad tradicionalmente dividida en clases como lo había dispuesto
la Santa Alianza en 1.815 durante el Congreso de Viena que presidió
el Príncipe de Metteinich, Canciller austríaco y Jefe de los ultra
del viejo mundo. Ayudó a detener el ascenso y triunfo del
liberalismo en el Ecuador por muchos años.
Sus obras completas, en 16
tomos, se editaron entre 1.930 y el 54. Se ha iniciado su causa de
Beatificación aunque el consenso público es que equivocó los
caminos de la Santidad extraviándose en los de la politiquería
lugareña, donde escandalizó como perseguidor implacable de
librepensadores, masones y liberales.
(1) Su
discípulo Juan H. Peralta Vázquez publicó en 1.943 “En uno de
los claustros oscuros del antiguo Colegio Seminario, residencia en
otros tiempos de los padres jesuítas, se abre una puerta, que
conduce a una larga y estrecha sala, alumbrada por la tenue luz
crepuscular de la tarde. A los dos costados de la sala, corren dos
hileras de escaños o bancas de madera groseramente trabajadas, las
que van ocupando en silencio los estudiantes. Al final del aposento,
se levanta una pequeña plataforma de madera y sobre ésta, descansa
una antigua mesa y una silla destinada al Profesor que viene
a dictar su curso de Derecho Canónico, asignatura obligatoria
durante cuatro largos años, a teólogos y juristas, en los programas
de enseñanza universitarias de la época. Son las cinco de la tarde,
hora señalada para dar comienzo a la clase. Con toda puntualidad
asoma el Dr. Julio Matovelle a las puertas del Seminario, a donde
llega desde su Convento de Padres Oblatos, Congregación fundada por
él , que ocupa el antiguo claustro de los padres de la Merced, en
uno de los barrios del extremo sur de la ciudad de Cuenca. Todos los
alumnos le saludan con respeto y entran juntos con él a la Cátedra.
Es alto, corpulento y de aspecto majestuoso. Viste su manteo de paño
negro, de irreprochable aseo, que conserva su brillo primitivo. Sus
labios se entreabren con una leve sonrisa, que da a su fisonomía un
atractivo singular, reflejo de la tranquilidad de su espíritu. Sus
ojos parecen despertar después de una larga meditación, y su
mirada, al través de sus anteojos de cerco de oro, es viva y
penetrante. Su tez algo macilenta. Sus blancas manos, que recogen con
suma gracia el manteo, con la negrura del hábito sacerdotal,
distinguiéndose por sus líneas de agradable perfección; manos
bienhechoras destinadas al bien y a la caridad. Después de invocar,
de rodillas, la asistencia del Espíritu Divino, el Profesor toma su
asiento, corre lista de sus alumnos, son numerosos: seminaristas
internos y externos, aspirantes al sacerdocio y estudiantes de
Derecho Civil y Derecho Público, llenan la sala obscura donde se
levanta la Cátedra. Se anotan las faltas de los inasistentes y luego
el Profesor abre el Texto, para tomar la lección a los estudiantes.
En esta parte es severo. Las lecciones deben darse de memoria, al pié
de la letra, sin interrupciones ni explicaciones arbitrarías. Si no
se recita de seguida los párrafos contenidos en las dos o tres fojas
del texto, el Profesor se incomoda, reprende, corrige con acritud,
sin consideración a nadie; no quiere que se pierda una sola línea
de sus Principios Generales de Derecho Público Eclesiástico, donde
palpita y vive el pensamiento del autor, junto con el acopio
seleccionado de la Doctrina. Para bien de los estudiantes no se toma
la lección a todos sino a aquellos que le place el Maestro, los que
deben recitar de pié, los párrafos que él indica, a modo de
pregunta por fin ha terminado esta angustia de sus alumnos. El
profesor comienza la explicación, su discurso didáctico, es un
modelo de oratoria escolar. La palabra suave sale de sus labios con
una claridad que penetra la mente y va iluminando la inteligencia del
estudiante. Su elocuencia sigue el ritmo de la tesis que expone en el
curso de sus lecciones. A veces, apacible, en una calma semejante al
correr silencioso, de nuestros ríos. En los puntos de agitada
controversia, su voz se eleva en un tono armonioso, y sus frases
incisivas manifiestan lo interesante y arduo de la doctrina que
defiende el profesor... “El Sr. Dr. Julio Matovelle en la cátedra,
reseña Histórica del Derecho Público Eclesiástico en el Ecuador”.

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