
DANZA
CATALINA SOJOS
Esta es una fiesta en donde las palabras apagan la luz de la realidad y las páginas descorren los telones, obligándonos a participar dentro de una sola condición: la fantasía.
Esa fantasía como génesis para nuestra condición de fantasmas.
Si; ésta es una danza que queremos no termine nunca, con la que nos sentimos cómplices y encubridores, dejando nuestras pieles materiales y convirtiéndonos en aquello que siempre deseamos ser, es decir entelequias plagadas de dones y maravillas.
Esta es una danza necesaria, porque la burda realidad que nace cada día nos obliga a mirar debajo de cada sílaba de este libro y, junto al creador de la maravilla, imaginarnos danzarines, fantasmas, espectros de todo aquello que inaugura la ilusión, la magia, la recreación de aquello que, alguna vez, insufló nuestro espíritu. Un pasado presente pletórico de cotidianidades asombrosas de aquello que, únicamente, el autor nos obliga a mirar como cuando levantamos la piedra de la realidad triste y vacía.
Este libro contiene doce danzas cortas y dos obras más sostenidas, es decir dos novelas que se convierten en sinfonía. Y es que el autor ama la magia de la música, la universalidad de la poesía, la limpidez de la narrativa, por ello no podemos hacer un acercamiento al libro solamente desde la literatura, porque este mago-brujo-alquimista, es un compendio de arte y cultura.
Pero además este libro deviene de otro, publicado anteriormente por Jorge Dávila Vázquez, “La oveja distinta y otros cuentos” en donde ya nos anuncia a través de sus “fantasmales” cuentos cortos, las celebraciones de éste. Un preludio que incita aun más la lectura doble de ambos textos.
Cuentos que exigen a la resurrección de la memoria a través de los detalles cotidianos ¿acaso ella, la memoria, no es nuestra caja de Pandora de donde surgen los espectros amados? esos que conviven sin que reparemos en su presencia diariamente, aquellos seres a los cuales amamos hasta el paroxismo y en los cuales nos vimos reflejados cuando la inocencia todavía obligaba al frenesí.
Pero además, textos plenos de lirismo, de ritmo interno, de danza y cadencia, con los cuales nos sumergimos en la blancura de las flores de magnolia, “enormes y como modeladas en seda” mientras los rayos de luna son capaces de perforar el corazón y el amante es diestro en volver a morir para desparecer al cortar una flor para su amada.
Y es que la paradoja, el amor, la ironía, existen gracias a la escritura de Dávila Vázquez, porque los fantasmas conversan en su sala y se esfuman en medio de un diálogo de sobremesa, en el cual ríen y se divierten solemnemente.
Flores espectrales, gardenias y saudades, como la peluquería de barrio con su pungente aroma que Jorge recuerda y transforma en una bella y veleidosa mujer, que provoca la cadencia de uno de los más famosos boleros, allá en épocas infinitesimales.
Y surgen las costumbres, las voces atrapadas en botellas, aquellas que lanzábamos al mar y que se quedaron clavadas en el tiempo.
Este es libro de los asombros cotidianos, de aquellos milagros que se quedan en el polvo, como aquella hermana samaritana que aparece y desaparece con su limpión en un reguero de estrellas.
Y así la danza continúa, suave, melodiosa, pero persistente y tenaz como la lluvia; con frecuencia repetimos la frase de Calvino “la fantasía es un lugar donde llueve” a propósito de la obra de Dávila Vásquez, porque es la imagen que más se acerca a nuestra lectura.
Pero también estas páginas se llenan de árboles con frutos espectrales, de casas que llevamos en nuestro rincón más secreto, casas que caminan y provocan terrores y nostalgias, de buques y pitonisas tullidas, de piratas y monjas voladoras, de amores imposibles.
Es el libro de las lágrimas dulces, de aquellas correntadas de ternura que nos obligan a seguir leyendo impúdicamente para seguir danzando en su lirismo. Es el hermano gemelo de aquel que lo anuncia, con textos fantasmales que atraen a actores, escritores, poetas, ciudades.
(No puedo dejar de mencionar la epifanía de “Querida Romy” o el humor socarrón de los textos “El Parnaso” o “El Descubrimiento de Europa” situados en la “Oveja Distinta)
Pero volvamos a nuestra “Danza de Fantasmas”... regresemos a la gran casa de don Alberto Molina, en las afueras de la ciudad que.../ “ quedaba en lo alto de una pequeña colina y, prácticamente, no tenía vecinos. Los más cercanos eran los Tafur, como a doscientos metros de la que fuera en un tiempo la suntuosa morada de un prestamista, vacía y cerrada desde la muerte de éste”
Pongámonos cómodos, y sin que el vecino se de cuenta, levantemos los pies despacito porque...
.../ Cuando empezó a iluminarse vagamente por las noches, los lejanos vecinos se inquietaron. Ya había pasado en otras
viejas edificaciones abandonadas que, con el paso del tiempo,
se convertían en guarida de gente de dudosa reputación.
Por ello, una noche de carnaval, en que la casa bullía
de ruidosos invitados, delegaron a Antonio Fernández −uno
de los audaces nietos de la familia− y a sus todavía más
arriesgados amigos, que se acercaran a la ruinosa mansión
y observaran lo que ocurría en su interior. Antonio reunió
un grupo de seis camaradas, entre ellos a Diego Mujica, que
era un auténtico “Juan sin miedo”, y esperando que fuesen
las diez de una noche bastante oscura, partieron en su valerosa
expedición.
Antes, por supuesto, tuvieron una fuerte discusión con las
dos mujeres jóvenes de la familia, Analía y Margarita. ¿Por qué
no podían ir ellas?, fue el reclamo.... Pero y he aquí la sonrisa cómplice de la abuela presentadora de este libro, la misma que ha disfrutado sin ningún reparo en su lectura y se obliga a dejarles con el suspenso de esta danza, fantasmal, juguetona, melancólica y aterradora.
La presentación de este libro solamente puede ser una cobija bienhechora para proteger al lector de este encantador de la palabra, porque el libro vibra de fábulas, tesoros inexplorados, de viejas parlanchinas y manteles tejidos, en un abigarrado lenguaje pletórico de las mayores fantasías.
Aquí está la cueva de Alí Babá, las herrumbradas bisagras de una puerta, los cuadros de la escuela Quiteña, los sonidos intranquilizadores de otras épocas. Aquí está el castillo de Dávila Vázquez, su inocencia de niño, su madurez de escritor completo, su juventud, su idealismo. Pero también y, de alguna manera, nuestras alucinaciones.
Es así como decidimos quedarnos en esta danza que nos acoge, que nos libra de las púas de una realidad pacata, que abre mundos entrañables, con luces y sombras creadoras de emociones extrañas... decidimos quedarnos en sus giros, una y otra vez, interminablemente.
Porque la literatura, el cuento, la poesía es eso: una danza bienhechora que convoca y protege ante el torbellino de una época hostil, huérfana de visiones.
El deleite de este magnifico libro que hoy presentamos, nos cobija con sus alas, protege lo más sagrado de nosotros, inaugura un ritual, susurra en nuestros oídos aquello que no deseamos olvidar.
Gracias querido Jorge por que, una vez más, has encendido la luz de las cosas invisibles.
Tus palabras están siempre tocadas por el don de la maravilla. Gracias en mi nombre y en el de mis amados espectros.
ResponderEliminarBesos de
jorge dávila vázquez
Bellísmo Cata!!!!!! Que corazón tierno y generoso tienes!!!!! Gracias mi bella!!!! y gracias por tu presentación del libro que fue poesía pura!!!!!!
ResponderEliminarLindo!!
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