miércoles, 27 de enero de 2010

ENSAYOS

BORGES ÍNTIMO
CATALINA SOJOS


“Nadie rebaje a lágrima o reproche”.../


“Por medio del arte logramos una feliz transacción con todo lo que nos hiere o vence en la vida cotidiana, no para escapar de nuestro destino, como trata de hacer el hombre ordinario, sino para cumplirlo en todas sus posibilidades: las imaginarias" afirma aquella inefable “Justine” de Lawrence Durrel; y son esas infinitas posibilidades las que nos ofrece la creación de Jorge Luís Borges en una obra monumental nacida entre semioscuridades y laberintos, espejos y reflejos de una cosmogonía única surgida desde lo más profundo de su yo íntimo abisal y destellante.

Y los abismos atraen. Cada vez que miramos una foto de Borges, prima en nosotros la fascinación al no conocer en la praxis su situación real de ciego, hundido en la oscuridad total hacia el final de su vida; una suma de sentimientos contenidos nos invade y sentimos con fuerza el desamparo frente a su personalidad resplandeciente. Un paralelismo que se palpa cada vez que leemos un texto de Borges ya que su luz ilumina y por ósmosis enceguece al lector.

En una conferencia de 1977*, el poeta afirma que la ceguera es un don del destino, y que, por otra parte, no es un modo de vida enteramente desdichado, ya que “el bien del cielo puede estar en la sombra”.

Este don declarado a través de su vida y obra es lo que intentaremos desentrañar en un acercamiento somero a algunos de sus textos poéticos que, esperamos nos ayude a pesar de su limitación obvia, a acercarnos al poeta y su circunstancia con la certidumbre de que nuestra visión será absolutamente periférica.

Unas pocas pistas de su niñez y adolescencia son imprescindibles para iniciar la búsqueda en ese mundo insondable y paradójico del poeta.
Nos encontramos pues con que a los cuatro años de edad el futuro poeta ciego ya sabía leer y escribir; luego ingresa en la primaria en cuarto grado, anotamos también su temor a los espejos; se negaba a dormir en una habitación que tuviera uno de ellos. (Literariamente el espejo será uno de los más frecuentes símbolos en la obra de Borges)
* “Los espejos, -dice- corresponden al hecho de que en casa teníamos un gran ropero de tres cuerpos estilo hamburgués. Esos roperos de caoba, que eran comunes en las casas criollas de entonces... Yo me acostaba y me veía triplicado en ese espejo y sentía el temor de que esas imágenes no correspondían exactamente a mí y de lo terrible que sería verme distinto en cada una de ellas. Eso se unió a un poema que leí sobre el Poeta Velado de Jorasán, el hombre que vela su rostro porque es leproso, y al Hombre de la Máscara de Hierro, de una novela de Dumas. Las dos ideas se unieron...”
En 1914 su padre, por problemas de la vista, se jubila como profesor y, junto con la familia, marcha a Europa para un tratamiento oftalmológico especial, es decir que para el joven poeta, la ceguera va siendo parte lentamente de una realidad que él asumirá como un don del destino.
Y ya que no podemos abundar en detalles, como dato final resaltamos que, todos los poemas sobre la ceguera fueron compuestos a partir de 1955, es decir a los cincuenta y seis años de edad.
A partir de este año, Borges queda parcialmente ciego de un ojo y totalmente ciego del otro. La suya fue una ceguera gradual, por eso no le parecía una cosa trágica y la comparaba con un lento atardecer de verano. En esta diferenciación de la sensibilidad y en tal empeño de hacernos perceptible lo que no es común, juega un papel decisivo esta frase dentro de la cual se perciben el color amarillo y sombras y luces: Carlos Isla, en el poema Mucho ojo, la describe así: Y Borges volteó hacia adentro/para ver al que le dictaba/y se hicieron estatuas de sal/las niñas de sus ojos
Claro que aquel lento atardecer de verano era sólo una expresión, una especie de consuelo…la realidad seguramente fue otra. O así invita a sospechar lo que doña Leonor Acevedo, la madre del poeta afirmaba que desde que el médico había prohibido a su hijo leer y escribir, era ella quien le leía y a ella tenía Borges que dictarle sus versos, algo que sólo dejaba de cumplirse cuando en el poema que había que dictar asomaba el motivo de la ceguera. Lo mejor entonces era hacer una excepción para no entristecer a la madre lo que justamente ocurrió con el "Poema de los dones"; para comprender este poema, es necesario conocer antes algún dato importante de la vida de Borges, una vez más en aquel karmático1955, ya caído Perón, la Revolución Libertadora nombra a Borges director de la Biblioteca Nacional: he aquí la terrible paradoja, justo cuando su ceguera le impide por completo leer, resulta honrado con el cargo de director de la Biblioteca Nacional. Es decir: quedan en sus manos innumerables libros.

El fatum de la cegueraEl destino es el encadenamiento de sucesos considerados como ineludibles. Borges presenta la ceguera como algo que le tocó en suerte. En el “Poema de los dones” dice “Algo que no se nombra / con la palabra azar, rige estas cosas” (PD, vv. 25-26)
El poeta hace explícita su aceptación intelectual del designio de Dios o del destino porque estos tienen una razón de ser. Usualmente, la palabra don tiene una connotación positiva, que contrasta con nuestra idea negativa de la ceguera. Borges sostiene, tanto en el “Poema de los dones” como en la conferencia ya mencionada, una actitud de aceptación y mesura frente a la ceguera. No quiere que la consideremos como una desdicha sino como un regalo de Dios. Pero, ciertamente, aún en este poema, el primero con respecto a este tema, se evidencia el profundo dolor del poeta frente a sus limitaciones y a la pérdida de “este querido/ mundo” (PD, vv. 37-38) que se esfuma para él.
A esta postulación de la ceguera karmática se trae aparejado el interrogante acerca de las causas. Ya desde el “Poema de los dones” aparece la palabra anatema (PD, v.36), maldición. Alguien está maldito por algo que ha hecho con lo cual ha ofendido a un ser superior. Una maldición conlleva un castigo. Ese don sería su castigo y a la vez su posibilidad de expiación al trasmutar, por medio de la creación verbal, sus pobres circunstancias individuales en obras eternas por la belleza.
La idea de la ceguera como destino está presente fundamentalmente en el “Poema de los dones” y tangencialmente en “Elogio de la Sombra”: la ceguera es, en este caso, uno más de los caminos que lo llevan a su centro y es quizás el que posibilita el acceso a su clave.
Borges entiende y asimila la ceguera, en la eternidad del no ver pero presentir, en ese espacio no – espacio - por donde vagamos aferrados a destellos de luz, a memorias amontonadas en los sentidos, a recuerdos difusos que para su inventario tenemos que ajustar con invenciones. Asimila también la letra alef, que es la letra del silencio y la de los opuestos, la de la creación y la de la idea de Dios.
Y será precisamente la memoria que llevará al poeta por sus intrincados laberintos. En una entrevista María Kodama insiste en enunciar este aserto: “Para Borges el concepto Memoria es el que va contenido en el verso”, y continúa, “Borges definía el libro como una extensión de la memoria y de la imaginación, ya que la memoria de la Humanidad está salvada por la suma del libro, y por infinitos libros escritos por los hombres”
“"No olvidemos que para Borges el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación, porque para él no había diferencia entre recordar un pasado o imaginarlo, ya que para él tanto el hecho como la ficción son un sueño. Más aún, quizás la realidad es sólo un sueño clásico que Borges lleva hasta su última consecuencia en su ensayo sobre el tiempo."
De ahí concluimos que Borges intenta nivelar su incapacidad visual a través de la memoria y la utilizará como una de las herramientas para trasmutar, por medio de la creación verbal, sus pobres circunstancias individuales.
…/este querido mundo que se deforma y que se apaga
Y comienza la degradación del mundo exterior en la que “Madre”, secretarias, amigos, harán sus lecturas para él, “ahora yo oigo lo que leo y dicto lo que escribo” dice y deberá aprender nuevas estrategias de sobrevivencia, habrá de unirse a su bastón como una prolongación del mismo, se quejará de que es una amistad no compartida, “el bastón no sabe que yo existo” Doña Leonor aprenderá inglés para recitar las obras a su hijo, es el mundo de las sombras, de la duda, del equívoco posible.
El desnivel acecha. Cada pasoPuede ser la caída.(EC1, vv. 9-10)
En el “Poema de los dones” el mundo se le brinda y él no puede tomarlo. A medida que avanza la enfermedad, este se vuelve amenazante y constituye una fuente de peligros: lo vigila, lo intuye, pero no puede distinguirlo. Esta percepción de hostilidad creciente es generada por la imposibilidad de conocer la realidad física circundante. Al no poder percibirlas, las cosas adquieren un matiz de irrealidad y pesadilla. A esto se suma la sensación de desvalimiento y la necesidad de tener a alguien a su lado. La soledad y la impresión de aislamiento del resto de las personas son constantes en estos poemas. Se establece una clara diferencia entre el mundo descubierto por los sentidos, y el recordado por el poeta y su mundo con leyes propias: lento, nimbado y con sabor a eternidad.
En “El ciego I”, repite en varios versos y especialmente en el dístico final, que trabaja como conclusión del soneto cerrando todas las líneas tendidas en los versos anteriores, que él debe labrar (v.14), es decir, construir, edificar, su propio e insípido (v.14) universo por medio de las palabras. Así, la poesía, la palabra poética es la manera de edificar un mundo, de no hallarse suspendido en esa nada luminosa.
Es interesante resaltar que insípido es un adjetivo perteneciente a la esfera semántica del gusto, cuando él está impedido, en realidad, para percibir formas y colores, no sabores. Parecería que la pérdida de la vista lo alejara de toda la gama de posibles percepciones. No nombra sonidos ni texturas. Ni el tacto ni el olfato no son suficientes para distinguir y diferenciar.
(Olfato) “en el jardín aspiro/ (…) una lóbrega rosa de la tiniebla” (EC2, vv.11-12)
(tacto) “con la mano exploro/ mis invisibles rasgos” (UC, vv.5-6)
En los versos anteriores el poeta realiza una acción de percepción sensorial distinta de la vista, pero la adjetivación del objeto directo es totalmente visual y su connotación negativa nos da la pauta de una imposibilidad de conocimiento completo y satisfactorio sin el sentido de la visión.
A medida que avanza la ceguera, al no poder identificar sensorialmente los objetos, llega a un grado de máxima abstracción que hace casi imposible la individualización y la apropiación intelectual y emotiva de los mismos.
La ceguera fue para Borges muchas veces esa "circunstancia biográfica" que permitió la llegada de la intimidad a su poesía. Aunque conviene recordar lo que el propio Borges sugiere en "Borges y Yo", breve narración recogida en El Hacedor. Lo vemos desdoblarse allí en dos personalidades distintas porque se sabe dos hombres: el Borges íntimo y el Borges social, el escritor famoso. El íntimo siente; el otro transforma artísticamente esos sentimientos y, a veces, al pasarlos por el tamiz del arte, los enfría. "Yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica" son palabras que claramente apuntan la idea de un hombre Borges por debajo del Borges poeta, y nace entonces la duda de si, a través de la poesía, podremos llegar a conocer realmente al hombre.
Para terminar y al margen de las posibles notas intimistas, lo cierto es que la poesía de Borges seguirá estando repleta de intertextualidades, seguirá siendo en su mayor parte de carácter narrativo, reflexivo e intelectual, y, para quien no esté familiarizado con sus símbolos recurrentes, absolutamente hermética.
De allí la urgencia de un trabajo más extenso, con mayores profundidades e investigaciones, tanto en el plano espiritual y psicológico, como en el ahondamiento en el lenguaje, algo que lamentablemente por falta de espacio y tiempo no logramos realizar en esta invitación cordial a la cual se nos ha convocado.

BIBLIOGRAFÍA ESPECIAL
* - ALIFANO, Roberto. Borges, biografía verbal. Barcelona, Plaza & Janés, 1988.

· Jorge Luis Borges. Álbum biográfico y fotográfico. Alianza Editorial, 1999, pp. 11
· Bravo y Paoletti, Borges Verbal, EMECÉ, Buenos Aires, Argentina 1999.

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