jueves, 3 de octubre de 2013

UNICORNIO




LA ACELERADA EXTINCIÓN DE LAS ESPECIES


OSWALDO ENCALADA VÁSQUEZ

Asistimos –entre asombrados, temerosos y contritos- a un cambio radical en las condiciones naturales del planeta. Sí, pero también asistimos a un frenético cambio en las condiciones culturales del plantea. En el mundo natural aparecen las devastadoras y prolongadas sequías, las apocalípticas inundaciones, los terremotos, el elevamiento de la temperatura, la desaparición de los glaciares, aparecen los agujeros en la capa de ozono, etc. Con lo que muchas especies se acercan velozmente a la extinción.
Igual panorama ocurre con el mundo de los seres imaginarios. La sociedad globalizada –regida por las prosaicas leyes del consumo inmediatista- aniquila los grandes bosques donde antes se refugiaban los míticos seres de antaño. Desaparecen los reductos de vida libre, salvaje y desconocida, se contaminan los mares, las sombrosas lagunas de pesadilla, los insomnes pantanos, se secan los ríos, se ciegan los pozos de profundidades inauditas; la ordinaria luz alumbra hasta el último de los rincones. Y al destruirse el hábitat de los seres imaginarios desaparecen también sus más preciadas fuentes de alimento.
La sociedad postmoderna asiste al acto final con el que se terminan los grandes mitos, lo que provoca que el ambiente de los seres fabulosos se destruya, porque la existencia de estas criaturas se basa en la creencia y en la fe. ¿Queda algún unicornio en el mundo? ¿Sobrevive algún humilde gagón en nuestras regiones ecuatoriales? Quizá ya no quede ni uno solo, porque el mundo postmoderno se aferra a la mercancía, a la banalidad, a lo burdamente concreto. El mundo postmoderno cierra los templos y abre los supermercados, ese es su signo. Y si no hay unicornios ni gagones ¿habrá todavía dragones, hadas, elfos, duendes, chuzalongos, tundas, sacharrunas, tintines quimeras, hipogrifos, pájaros rock, trasgos, sílfides, sirenas, mantícoras, catoblepas, leviatanes, anfisbenas, behemoths, grifos, lutonas?


El unicornio (Equus imaginarius)

Por eso es imperioso lanzar un S:O:S para salvar a los seres imaginarios, para evitar que los vientos del exterminio los eliminen de la faz del mundo y de la memoria de la gente. Es necesario construir un arca para salvar a estas criaturas, y es probable que en esa arca también se salve uno que otro ser real. Podrían ir, no codo con codo, sino pezuña con pezuña, cuerno con cuerno, juntos en una travesía de salvación hasta encontrar otras tierras y otros tiempos más propicios para la fantasía, el sueño, el mito, la capacidad de asombro.
Porque sí pueden convivir armónicamente lo real y lo imaginario, como ya lo hicieron en los venerables bestiarios de la Antigüedad y de la Edad Media.
Y para evitar su extinción, lo primero que hay que hacer es proceder a su rigurosa clasificación científica, cosa que nunca antes se ha hecho, y todo por el seductor y absorbente prestigio que lo real tiene en la laboriosa mente de los científicos. Para los diez primeros seres imaginarios proponemos lo siguiente:
-Unicornio (Equus imaginarius)
-Esfinge (Mulier aquileona)
-Minotauro (Homo caputauri)
-Gagón ( Canis licentiae)
-Gorgona (Mulier capillus viperae)
-Centauro (Homo equus)
-Basilisco (Oculus mortis)
-Cancerbero (Canis ianitor infernalis)
-Ave Fénix (Avis renaciens)
-Salamandra (Lacerta igni)
Quizá de esta manera las terríficas y apreciadas criaturas de la imaginación, seres que fueron temidos o venerados por centurias, no desaparezcan ni queden convertidos en antigua curiosa noticia desterrada en los libros olvidados.





El minotauro (Homo caputauri)


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