LA
ACELERADA EXTINCIÓN DE LAS ESPECIES
OSWALDO ENCALADA VÁSQUEZ
Asistimos
–entre asombrados, temerosos y contritos- a un cambio radical en
las condiciones naturales del planeta. Sí, pero también asistimos a
un frenético cambio en las condiciones culturales del plantea. En el
mundo natural aparecen las devastadoras y prolongadas sequías, las
apocalípticas inundaciones, los terremotos, el elevamiento de la
temperatura, la desaparición de los glaciares, aparecen los agujeros
en la capa de ozono, etc. Con lo que muchas especies se acercan
velozmente a la extinción.
Igual
panorama ocurre con el mundo de los seres imaginarios. La sociedad
globalizada –regida por las prosaicas leyes del consumo
inmediatista- aniquila los grandes bosques donde antes se refugiaban
los míticos seres de antaño. Desaparecen los reductos de vida
libre, salvaje y desconocida, se contaminan los mares, las sombrosas
lagunas de pesadilla, los insomnes pantanos, se secan los ríos, se
ciegan los pozos de profundidades inauditas; la ordinaria luz alumbra
hasta el último de los rincones. Y al destruirse el hábitat de los
seres imaginarios desaparecen también sus más preciadas fuentes de
alimento.
La
sociedad postmoderna asiste al acto final con el que se terminan los
grandes mitos, lo que provoca que el ambiente de los seres fabulosos
se destruya, porque la existencia de estas criaturas se basa en la
creencia y en la fe. ¿Queda algún unicornio en el mundo? ¿Sobrevive
algún humilde gagón en nuestras regiones ecuatoriales? Quizá ya no
quede ni uno solo, porque el mundo postmoderno se aferra a la
mercancía, a la banalidad, a lo burdamente concreto. El mundo
postmoderno cierra los templos y abre los supermercados, ese es su
signo. Y si no hay unicornios ni gagones ¿habrá todavía dragones,
hadas, elfos, duendes, chuzalongos, tundas, sacharrunas, tintines
quimeras, hipogrifos, pájaros rock, trasgos, sílfides, sirenas,
mantícoras, catoblepas, leviatanes, anfisbenas, behemoths, grifos,
lutonas?
El
unicornio (Equus
imaginarius)
Por
eso es imperioso lanzar un S:O:S para salvar a los seres imaginarios,
para evitar que los vientos del exterminio los eliminen de la faz del
mundo y de la memoria de la gente. Es necesario construir un arca
para salvar a estas criaturas, y es probable que en esa arca también
se salve uno que otro ser real. Podrían ir, no codo con codo, sino
pezuña con pezuña, cuerno con cuerno, juntos en una travesía de
salvación hasta encontrar otras tierras y otros tiempos más
propicios para la fantasía, el sueño, el mito, la capacidad de
asombro.
Porque
sí pueden convivir armónicamente lo real y lo imaginario, como ya
lo hicieron en los venerables bestiarios de la Antigüedad y de la
Edad Media.
Y
para evitar su extinción, lo primero que hay que hacer es proceder a
su rigurosa clasificación científica, cosa que nunca antes se ha
hecho, y todo por el seductor y absorbente prestigio que lo real
tiene en la laboriosa mente de los científicos. Para los diez
primeros seres imaginarios proponemos lo siguiente:
-Unicornio
(Equus imaginarius)
-Esfinge
(Mulier aquileona)
-Minotauro
(Homo caputauri)
-Gagón
( Canis licentiae)
-Gorgona
(Mulier capillus
viperae)
-Centauro
(Homo equus)
-Basilisco
(Oculus mortis)
-Cancerbero
(Canis ianitor
infernalis)
-Ave
Fénix (Avis
renaciens)
-Salamandra
(Lacerta igni)
Quizá
de esta manera las terríficas y apreciadas criaturas de la
imaginación, seres que fueron temidos o venerados por centurias, no
desaparezcan ni queden convertidos en antigua curiosa noticia
desterrada en los libros olvidados.
El
minotauro (Homo
caputauri)


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