Una
mamá se construye como un rompecabezas, con pedacitos pequeños y
grandes.
Hay
diversas formas de hacer una mamá. La más usada es cuando esperas
nueve meses en su vientre y luego sales disparado a este mundo.
La
otra es cuando una mujer decide tener un hijo y empieza a buscarlo
por toda la tierra para entregarle su corazón.
De
ambas maneras una mamá está hecha con un material incorruptible,
que no necesita mantenimiento. Ella misma se conserva, gracias a su
determinación de seguir completa y en buen estado.
Cuando
a una mujer le crece la panza, al comienzo se asusta, porque cree que
tiene que reunir demasiados pedazos, pues quiere ser la mejor mamá
del mundo. Poco a poco se da cuenta que sólo necesita sentirte
dentro de ella y es feliz.
En
cambio, la otra mamá que decide adoptarte, reúne todas las piezas
de su corazón para ofrecerte en el instante en que te conoce. Y es
feliz.
Una
mamá se hace de instantes y de sueños. Aprende a cambiar pañales y
a jugar a las escondidas. Jamás olvida que tiene que pedir ayuda a
tu padre, porque él está pendiente de la respiración de ambos.
En
la fábrica de hacer mamás no existe el desconsuelo, sólo la sombra
de un árbol que florece todos los días.
Si
se equivoca, un pedacito se rompe, y si no estás a su lado se pierde
definitivamente.
Las
mamás no se dividen en partes iguales. Todas son únicas con
características propias, como los niños. Hay mujeres que, cuando se
convierten en madres, huelen a madreselva y romero, otras se vuelven
picantes como el ají y hay algunas que aparecen y desaparecen en el
primer estornudo de su niño.
Una
mamá adoptiva está hecha con un sistema nuclear milagroso. Esa
mujer construye su morada en tu corazón, antes de conocerte. Sueña
tanto en ti que se aparece y habla contigo cada vez que duermes.
Una
mamá es un nido en ebullición. Y camina sin reparar en las briznas
que deja a su paso.
Hay
mujeres que tienen varios niños y para cada uno de ellos se inventan
de modos diferentes. Hay otras que, diversifican el mercado y sólo
tienen un hijo.
Las
mamás no se construyen en serie. No hay venta de mamás en ninguna
parte y tampoco están en oferta. Ellas son un tesoro escondido en tu
mirada.
Una
mamá adoptiva se va haciendo más lentamente, se desliza sobre sus
deseos y te acoge con el corazón lleno de parches. Tu espíritu se
acerca a ella antes de la primera mirada.
La
otra, espera nueve meses y camina despacio sobre la panza del mundo.
A veces se marea o tiene antojos de comer una sandía, entonces
reconoce su propio rompecabezas.
Todas
las mujeres tiemblan con el llanto de su hijo. El mayor enemigo de
las mamás es el miedo. Por eso sus ojos son dos espadas para
combatirlo.
No hay nada
mejor que una mamá para quedarse dormido y compartir un sueño.
Cuando
tu mamá se duerme crees que se le acabó la cuerda entonces le
pellizcas.
Hay
mujeres que están hechas de cristal, esas son las que sueñan
contigo desde niñas. Cuando te conocen se convierten en leche.
Tu
mamá adoptiva se peina con una estrella y en cada punta bostezas.
Ella anda buscando los pedacitos de su sueño.
Para
fabricar una mamá no basta soplar y soplar, hay que meterse en el
fuego.
A
las mamás les crecen alas cuando se hacen viejas. Entonces les
confunden con gallinas, pero no es verdad, porque vuelan. Y entonces
recuerdan.
Tu
mamá de nueve meses, se arruga y se sienta en el suelo. Sólo tu
abrazo es capaz de despertarla nuevamente.
Tu
mamá adoptiva amarra una cinta en tus manos para que no te pierdas.
Las
mamás son eternamente jóvenes inclusive cuando son abuelas.
No
existen reglas para que una mujer se convierta en madre. Sólo el
amor las inventa.

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