miércoles, 15 de agosto de 2012

INSTRUCCIONES PARA HACER UNA MAMÁ



Una mamá se construye como un rompecabezas, con pedacitos pequeños y grandes.
Hay diversas formas de hacer una mamá. La más usada es cuando esperas nueve meses en su vientre y luego sales disparado a este mundo.
La otra es cuando una mujer decide tener un hijo y empieza a buscarlo por toda la tierra para entregarle su corazón.
De ambas maneras una mamá está hecha con un material incorruptible, que no necesita mantenimiento. Ella misma se conserva, gracias a su determinación de seguir completa y en buen estado.
Cuando a una mujer le crece la panza, al comienzo se asusta, porque cree que tiene que reunir demasiados pedazos, pues quiere ser la mejor mamá del mundo. Poco a poco se da cuenta que sólo necesita sentirte dentro de ella y es feliz.
En cambio, la otra mamá que decide adoptarte, reúne todas las piezas de su corazón para ofrecerte en el instante en que te conoce. Y es feliz.
Una mamá se hace de instantes y de sueños. Aprende a cambiar pañales y a jugar a las escondidas. Jamás olvida que tiene que pedir ayuda a tu padre, porque él está pendiente de la respiración de ambos.
En la fábrica de hacer mamás no existe el desconsuelo, sólo la sombra de un árbol que florece todos los días.
Si se equivoca, un pedacito se rompe, y si no estás a su lado se pierde definitivamente.
Las mamás no se dividen en partes iguales. Todas son únicas con características propias, como los niños. Hay mujeres que, cuando se convierten en madres, huelen a madreselva y romero, otras se vuelven picantes como el ají y hay algunas que aparecen y desaparecen en el primer estornudo de su niño.
Una mamá adoptiva está hecha con un sistema nuclear milagroso. Esa mujer construye su morada en tu corazón, antes de conocerte. Sueña tanto en ti que se aparece y habla contigo cada vez que duermes.
Una mamá es un nido en ebullición. Y camina sin reparar en las briznas que deja a su paso.
Hay mujeres que tienen varios niños y para cada uno de ellos se inventan de modos diferentes. Hay otras que, diversifican el mercado y sólo tienen un hijo.
Las mamás no se construyen en serie. No hay venta de mamás en ninguna parte y tampoco están en oferta. Ellas son un tesoro escondido en tu mirada.
Una mamá adoptiva se va haciendo más lentamente, se desliza sobre sus deseos y te acoge con el corazón lleno de parches. Tu espíritu se acerca a ella antes de la primera mirada.
La otra, espera nueve meses y camina despacio sobre la panza del mundo. A veces se marea o tiene antojos de comer una sandía, entonces reconoce su propio rompecabezas.
Todas las mujeres tiemblan con el llanto de su hijo. El mayor enemigo de las mamás es el miedo. Por eso sus ojos son dos espadas para combatirlo.
No hay nada mejor que una mamá para quedarse dormido y compartir un sueño.
Cuando tu mamá se duerme crees que se le acabó la cuerda entonces le pellizcas.
Hay mujeres que están hechas de cristal, esas son las que sueñan contigo desde niñas. Cuando te conocen se convierten en leche.
Tu mamá adoptiva se peina con una estrella y en cada punta bostezas. Ella anda buscando los pedacitos de su sueño.
Para fabricar una mamá no basta soplar y soplar, hay que meterse en el fuego.
A las mamás les crecen alas cuando se hacen viejas. Entonces les confunden con gallinas, pero no es verdad, porque vuelan. Y entonces recuerdan.
Tu mamá de nueve meses, se arruga y se sienta en el suelo. Sólo tu abrazo es capaz de despertarla nuevamente.
Tu mamá adoptiva amarra una cinta en tus manos para que no te pierdas.
Las mamás son eternamente jóvenes inclusive cuando son abuelas.
No existen reglas para que una mujer se convierta en madre. Sólo el amor las inventa.



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