OCULTO SIGNO
EN LA POESÍA DE CESAR ANDRADE Y CORDERO
CATALINA SOJOS
La ciudad y su entorno
Las ciudades poseen sus voces secretas. Más allá de su entorno histórico, geográfico, cultural y social, las ciudades conservan en lo más intimo de si un registro único, misterioso y consubstancial al cual nos aproximamos únicamente cuando los resortes de la investigación, propiciada en principio por la curiosidad y luego por el deseo de conocimiento de la identidad propia, permiten acceder a esos recovecos intangibles que nos preceden.
Esos lenguajes ocultos en el imaginario colectivo son la fuente de inspiración del arte. De allí la importancia de buscar dichas señales cuando queremos registrar la vida y obra de ciertos personajes.
En el presente trabajo intentaremos una aproximación a la vida y obra de César Andrade y Cordero, desde esa perspectiva, sin dejar de lado por supuesto, el ambiente que rodeó en el plano exotérico al poeta.
Para ello nos basaremos en dos elementos aglutinadores, dos inquisiciones que ayudarán a desenmarañar, en cierta medida, los símbolos y signos, que ocultan las metáforas de Andrade y Cordero. La pregunta inicial que intentará nuestro descubrimiento es obvia: ¿Quién fue?, la cual nos remite a la segunda ¿Cuál fue su legado a la historia de la cultura ecuatoriana y azuaya, en particular?
Dentro del imaginario colectivo y urbano aún hoy * “Cuenca es un caso interesante del discurso de nación y modernidad en los Andes porque a diferencia de otras ciudades serranas cuyo discurso nacional está siempre cuestionado por la presencia del “otro” indígena, esta región pareciera haber tenido más éxito en la consolidación de una hegemonía aristócrata basada –curiosamente- en la interpelación de un pasado colonial, pero criollo” y, sin lugar a dudas, a comienzos del siglo XX la ciudad se mantenía imbuida de las influencias europeizantes de la época.
Juan Martínez Borrero afirma en sus estudios que “.../ entre 1901 y 1924 se tratará a partir del acto cotidiano y a partir del acto excepcional, de desarrollar un conjunto de ideas específicas sobre la realidad.../ y es precisamente el 27 de Mayo de 1922 cuando se acuña el término Arcadia de Los Andes para bautizar a nuestra ciudad, en un manifiesto público de los organizadores de la Fiesta de la Lira, publicado en la revista Austral.
La fascinación europea de la ciudad tanto en su arquitectura, modos de vida y “elites” culturales es de tal forma exagerada que no se duda en caer en la hipérbole llegando, en ocasiones, hasta el ridículo.
Así “.../ La iconografía pública de carácter neoclásico alcanza su apogeo en la coronación del poeta Remigio Crespo Toral en 1917, meses después de la coronación, en efigie de Luis Cordero Crespo fallecido cinco años antes. Las musas que rodean al poeta coronado de laureles se visten con trajes inspirados en láminas de los libros de historia editados por Callejas y acercan a la Cuenca andina el paisaje mítico de la Arcadia.../
Y sin embargo, serán precisamente en estos años cuando surgirán las vanguardias rompiendo las bases de esta sociedad helénica y utópica.
En el año clave de 1922 se publicarán las primeras obras que marcarán un nuevo estilo posmodernista con Estanque inefable de Jorge Carrera Andrade (1903-1979) y Parábolas olímpicas de Gonzalo Escudero (1903-1971). También Alfredo Gangotena iniciará, por esa época, su labor poética (1923), todo lo cual demuestra que el siglo XX, con su sensibilidad y sus valores estéticos, se ha instalado definitivamente en la cultura ecuatoriana. * El concepto de “vanguardia literaria” había empezado a discutirse en el Ecuador a partir de 1918, y es en ese año de 1922 cuando Hugo Mayo (Miguel Augusto Egas) funda en Guayaquil la revista Síngulus, a la que le seguirá Motocicleta, en 1924.
Cuenca no está ajena a estas nuevas corrientes literarias. Ha dejado atrás aquella estética dulzona saturada de reticencias y comienza a utilizar un lenguaje directo y en muchas ocasiones conversacional. Es en estos años cuando se marca una nueva ruta en la lírica nacional; así lo registra Rubén Astudillo y Astudillo * “La Poesía ecuatoriana que denominamos "contemporánea" se inicia con nuestro post-modernismo. Está conformada, con toda seguridad, por la lírica de mayor altura, en lo que va de nuestra historia literaria. Entre los autores de esta Generación, nacidos en la primera década del Siglo XX, destacan Jorge Carrera Andrade, Gonzalo Escudero, Alfredo Gangotena y César Andrade y Cordero. A diferencia de la escrita por la Generación Modernista, la de estos poetas acusa una gran sensibilidad social, un reencuentro y exaltación del hábitat y el tiempo propios. Los poetas se identifican tanto con el paisaje y el habitante nacional como con el hombre planetario. Los del post-modernismo ecuatoriano, en lo que corresponde al marco histórico nacional, son los años del advenimiento del socialismo y de la concientización y las movilizaciones obreras. Desde lejos, llegan las resacas de la Primera Gran Guerra, de la Guerra Civil española y de la Revolución Rusa”
Bajo este panorama surge la poética de Andrade y Cordero, en una ciudad plagada de demonios interiores. Por un lado tenemos (lo hemos dicho, anteriormente) una burguesía “culta” y apergaminada, que no duda en calificar a su ciudad natal de estrechas calles como “La Atenas del Ecuador” y por otra, las voces de los disidentes, aquellos que romperán los cánones establecidos e impondrán una nueva manera de aproximación a la poesía. Las vertientes del indigenismo, serán también elaboradas dentro de la narrativa con obras cardinales como “Barro de siglos” del autor reseñado.
Pero... ¿Quién fue César Andrade y Cordero?
Cuentan que tenía las manos largas y afiladas, que tocaba el piano y la guitarra, que componía pasillos, tangos, valses y sanjuanitos, que era de elevada estatura (más de un metro noventa) y que paseaba por las calles de su ciudad envuelto en una capa, al estilo de los poetas malditos; dicen que recitaba poemas de Rilke y que lloraba como un niño cuando se emocionaba, que su estentórea carcajada llenaba las habitaciones, y que sus artículos en diario el Mercurio provocaron más de una anecdótica polémica, que se constituyó en enemigo acérrimo de Velasco Ibarra y que su capacidad de insulto fue extraña, plagada de palabras altisonantes, y sin embargo, elegante.
Narran también que amó apasionadamente su tierra, y sus mujeres. Que a pesar de haber recibido en incontables ocasiones la invitación formal para residir en otros países como agregado cultural, el declinó la oferta; dicen que era contradictorio, que le fascinaba la aristocracia y que pasó una buena parte de su existencia buscando sus raíces, hasta que publicó el libro “Vigencia de un Corregidor” con el resultado de sus investigaciones, y que paradójicamente defendía con ferocidad al pobre, al indio, al necesitado de justicia.
Las anécdotas se suceden interminablemente: en su cátedra universitaria, en las noches de bohemia, en su epistolario el cual incluía cartas y libros de Pablo de Rokha, Juana de Ibarborou, Samain, entre otros; que los últimos años de su existencia vivió aislado y en precarias condiciones de salud añorando la “belle époque” de su terruño; así el imaginario cuencano ha ido alimentando la figura emblemática de Andrade y Cordero, sobre todo como testimonio de una era.
De allí la necesidad de desentrañar los signos ocultos de su obra, porque como consecuencia nos encontraremos con huellas que iluminarán su trayectoria existencial.
Remitámonos pues, a aquellos que lo conocieron y/o estudiaron su obra: en 1950 Benjamín Carrión sostenía: "(...) lúcido y bien construido espíritu de la nueva promoción, extraordinario poeta, narrador y crítico de primera línea, en su bella ciudad recoleta estrecha y afirma sus lazos con la cultura universal, en los más diversos aspectos" en tanto Jorge Enrique Adoum afirma: “César Andrade y Cordero, en quien un limpio sustrato campesino se trasmuta en poesía de cuño modernista, sensorialmente rica y musicalmente exacta. Andrade y Cordero es, en sus piezas más bellas, un espléndido poeta. Original, brillante y poderoso en sus metáforas; señorial en su ritmo y hondo en sus iluminaciones de los seres a través de un sostenido juego de imágenes”
Oculto Signo
Es precisamente la metáfora el juego paradigmático del poeta. Su estilo versal inconfundible, plagado de símbolos intenta representar los elementos de la realidad circundante por otros, entonces cada palabra se convierte en un instrumento mágico, es decir un símbolo que emite símbolos. Es así como el poeta se crea a sí mismo al crear su propio lenguaje. “Por la palabra, el hombre es una metáfora de sí mismo” ha afirmado Octavio Paz en incontables ocasiones, de esta manera Andrade y Cordero abarca en una visión caleidoscópica su lugar natal, sus espectros íntimos, y crea un mundo propio que lo redime, lo reinventa y constituye.
Tomando en cuenta que su lenguaje escritural fue diverso: poeta, relatista, crítico literario, periodista, encontramos que en todos los géneros incursionados, existe un hilo conductor, ese estilo característico basado en la metáfora. Inclusive en los momentos más críticos de su temperamento, no duda en fustigar por medio de imágenes de aterradora belleza creando obras que, sin lugar a dudas, podrían y deberían figurar entre las piezas selectas de la lengua castellana como es su SONETO CON ENIGMA
Qué dice el saltamontes de la gallarda encina?/Oye la pobre oruga las voces de la selva?/La iguana bajo el sol sabe que el sol camina?/ Y la piedra del río manda que el agua vuelva?/
Puntualizamos en el poder del símbolo, cómo el poeta logra signar la distancia que media entre un sujeto y otro utilizando un paralelismo entre la naturaleza, los signos ocultos del lenguaje, y el mensaje emitido.
Conoce la lombriz quién es la golondrina?/ Cómo batalla el liquen contra la madreselva?/ Qué juzga de la rosa la enarbolada espina?/ Qué hará la hoja al caer cuando el viento la envuelva?/
El juego metafórico se sustenta en la forma: cada verso más que una interpelación se convierte en aserto por medio de eludir las reglas ortográficas tradicionales ya que únicamente se termina con el signo de interrogación.
Sabe, acaso, el murciélago si vuela la paloma?/ Puede la ostra escuchar la voz del océano?/ Qué murmura del cóndor la mísera carcoma?.../ Cómo mide la altura los palpos del gusano?/ Mira la ameba el agua que brilla en la redoma?/ Qué opina de la nieve la boca del pantano?
La dicotomía manifiesta de su discurso poético obliga en este texto primordial al goce estético que provoca el juego de los opuestos.
Es el mundo de Ariel y Calibán al que Andrade y Cordero se remite permanentemente. Es el juego de los abalorios de Hesse en el que la palabra símbolo denota y busca caer en la matemática exacta del signo y la representación que lo configura. Es el equilibrio del arte que descansa entre las tinieblas y la luz.
Pero ésta será sólo una vertiente de su inmenso caudal imaginativo y poético; nos referimos a los textos de “Catedral Sumergida” dedicada a Debussy en los que * “tal como el compositor musicalizaba sus visiones frente al mar, el poeta devolvía ahora a la ebriedad de lo visual aquellos secretos auditivos” Es aquí precisamente donde su poderío metafórico se convierte en catarata arrolladora, en estruendo y rumor al unísono:
.../ Oh, atormentado espejo, en ti nace la eterna/ Burbuja del peñasco, corola del granito/.../ Aquí yace el reflejo, aquí el iris humea,.../Aquí arcángeles verdes. Aquí Dios sumergido.../ Aquí manos del éter para sacar a flote/ La amarra cosmogónica y la estatua del grito/.../ Tiniebla de elefantes en el tallo del agua/ Reverberando abrazos con serpientes de vidrio/ Cristal. Cristal borrado. Cristal torcido en hebras,
/Olas de muslo virgen. Yeguas de flanco tibio. /Ciudad eterna y líquida de manos relucientes, / En tu jardín profundo hay un siglo infinito”
Las imágenes se superponen, sobrevienen indistintamente, emparejadas con el surrealismo unas, con el misticismo y el erotismo otras. Imágenes que retumban por su extrañeza.
* “Estamos, pues, frente a un temperamento impresionista que se complace en la adjetivación onírica,.../ Podrá percibirse en la sonoridad verbal la influencia modernista; pero el relampagueo metafórico que despunta en la relación de los elementos más lejanos, pertenece al postmodernismo” insiste Marco Tello en su último trabajo publicado.
Y son sus obsesiones las que nos guían para acercanos aún más a su poética. Lo erótico y lo místico que el poeta transfiere a los elementos más diversos. Así el agua, que en el poema anteriormente citado se prefigura en “Olas de muslo virgen. Yeguas de flanco tibio” en “Salutación al Tomebamba” regresa con “Río bravo y cantor, joven cabro en acecho: / Aunque llore y apriete sus rodillas el agua, / Con la piedra separas sus dos muslos de espuma. /.../ Y anda, y márchate, viejo violador de montañas, / Con el hondo latido de mi verso en el pecho, / A tumbarle a la mar como una hembra en la playa!”
Nótese que a pesar de la dureza de ciertos versos, el poder metafórico de Andrade y Cordero conlleva la sugestión, el hechizo y en ningún momento se cae en lo grotesco, sino al contrario se imprime mucho más la exaltación sensual de lo representado.
En cuanto a su signatura espiritual y cosmogónica nos encontramos con nuevas rupturas del lenguaje cotidiano de la época comarcana; César Andrade, se remonta a los planos más sensibles de lo esotérico, deja a un lado el ritual y se sumerge en la vastedad de un universo cifrado. ¿Qué es la vida? se pregunta repetidamente en su prólogo a “Ruta de la poesía ecuatoriana Contemporánea” 1951 en el que demuestra su acervo de conocimientos de la filosofía occidental y oriental indistintamente.
“.../¿Qué es la vida? ¿Es acaso el secreto del mundo que está en nosotros "hic et nunc", aquí y ahora, envuelto en la existencia, tal como la vivimos, como la somos, aquí y ahora? ¿Es quizás, el envite mediante el que, conforme a Pascal, estaríamos embarcados en una extraña aventura, en cuya incógnita naturaleza el filósofo querría que apostemos a favor de Dios, porque la ganancia probable es mayor de ese lado? ¿Es, por ventura, el "eterno retorno" de Nietszche, la existencia otra vez recomenzada o la voz de comando que indica al timonel: "Vive de manera que puedas revivir eternamente con alegría cada momento", implicando una concepción dionisiaca de la existencia? ¿O es, por fin, como indica Foulquié, la actitud de encontrarnos comprometidos, alistados, sin habernos alistado, pues no se nos consulta antes de echarnos al mundo, de donde resultaría la necesidad de comprometernos libremente a "apostar" conforme al envite de Pascal?”.../
Pero remitámonos nuevamente a su poesía, emparentada con aquella magnífica del otro César, el Dávila Andrade cuencano también de corazón y nacimiento, y a la de los grandes místicos como San Juan de la Cruz, Santa Teresa, Ramakrishna, entre otros. Recordemos la "música callada" de San Juan o el "vacío es plenitud" de Laotsé.
Más que el mar eres Tú.
Más que el cielo y la tierra,
ser y no ser. Inmensa plenitud. Toda mente.
Lo tangible, lo oculto, lo presente, lo ausente,
el pasado, mañana, el de ayer, hoy y siempre,
lo que nunca ha nacido y es nacencia perenne,
Lo que cambia y no cambia: ¡Lo que en Ti se disuelve!
Estamos pues frente a los intentos que realiza el poeta para denotar las significaciones más ocultas de su vivencia espiritual; * “Si la metafísica acierta con algo correcto, entonces esto correcto, sin importar lo que sea de su verdad, tiene que ser pensado, de todos modos, en su origen” afirma Martín Heidegger en “La significación de las palabras” y continúa “..../ el Ser señala (acontecedoramente) al ente como tal, de manera que lo apropia.../
Es así como Andrade y Cordero intenta denotar la existencia de ese Dios Supremo al que califica como ser y no ser. Inmensa Plenitud. Toda Mente, y que en el análisis formal del texto, se debería puntualizar en la forma, remitiéndonos al uso de mayúsculas y minúsculas en este verso; es esa visión panteísta, universal la que le llevará a imprimir las metáforas como únicas herramientas de expresión, ya que la palabra es el hombre mismo.
Continuando con esta tentativa de elucidación de los signos ocultos en la vida y obra de este magnífico poeta nacional, nos preguntamos ¿dónde hallar al hombre sino precisamente en su palabra, en sus textos primordiales? ¿Dónde hallar sus motivaciones, aquellas que lo impelen a crear ese edificio inasible de la imagen? porque, sin lugar a dudas, Andrade y Cordero se esconde y revela en este juego de claroscuros, intermitentes luces y sombras que conforman su poética.
Fundamental para esta labor es precisamente su “Elegía en la Muerte de mi Padre” texto capital que nos consigna, una vez más, a esa dislocación que impone con la poesía local, comarcana y de provincia. El poema se aleja de los esquemas tradicionales y lugares comunes literarios, e irrumpe con una suerte de tensión entre drama interior y grandeza telúrica. La poesía de Andrade y Cordero va de lo íntimo familiar a lo planetario, a lo cósmico, y engloba vigorosamente su obra.
* “Ceñida a tu cansancio de llanura sin voces,
Mi oquedad se desnuda y estalla en el vacío.
Habitante apacible de sosegado límite,
Un pájaro de piedra se ha posado en tu nombre
Y lo hunde en una abstracta redoma de cicutas.”
(...)
He aquí la metáfora extraordinaria, aquella que estremece las fibras más sensibles y que nos obliga a acortar distancias “Un pájaro de piedra se ha posado en tu nombre/Y lo hunde en una abstracta redoma de cicutas.” obligándonos a recordar a Juan Ramón Jiménez con “Sólo lo hiciste un momento, /mas quedaste, como en piedra, / haciéndolo para siempre” La piedra como imagen que se posa, perpetúa y diluye en el nombre inefable, nunca dicho, y en el dolor redondo, circular e interminable de cicutas.
“Para qué ir a buscarte al límite, si vives
En el corcel de espumas que me habita las sienes.
A qué nutrir avispas de locura en mis manos
Si trémulo retoñas en surcos de mi tacto,
Si doras mi silencio con tu silencio y me abres
Tu nardo de sosiego y constelada calma,
Si tengo tus arroyos de dulzura, tu llama
De inasible cintura, tu florecida esencia,
Tu mano que bendijo el trabajo y el sueño
Y esta escala de música que pernocta tu sombra.”
(...)
Es ese “corcel de espumas” habitando las sienes del poeta el que encabrita su verso, el que obliga a la exaltación de la vida más allá de la muerte y de lo cotidiano. Es su declaración de amor urgente y de presencia la que incita a recorrer sus textos, más allá de la memoria y de la realidad circundante.
“Aquí estoy, sin embargo con las manos derruidas
A buscarte, circuido de ceniza y oramen.
Desde la honda clausura de la memoria y la ancha
Palidez de los meses, desde mi calcinada
Niñez y la derrota de los años en fuga;”
(..)
Y ahora examinemos el otro elemento que, suponemos, nos ayudará con nuestra tentativa de acercamiento, ya que el tiempo pautado nos impide seguir con las reflexiones en torno a su poesía.
¿De qué forma Andrade y Cordero contribuyó a la lírica nacional?
Inútil parodiar a aquellos que insisten en el desconocimiento de ciertas figuras nacionales y que se empeñan en engrosar la lista de los innominados por razones extraliterarias. Inútil expresar que el centenario del nacimiento de este enorme poeta nacional, ocurrido el año anterior, pasó prácticamente desapercibido; inútil volver a recabar informaciones sobre la crítica que defendió, desconoció o soslayó su obra. Es de rigor, eso sí, reconocer este sentido homenaje que hoy, la Universidad de Cuenca, a la que el amó y de la cual fue parte integrante en calidad de catedrático sobresaliente, rinde con motivo del IX Encuentro sobre Literatura. Su legado, como lo hemos visto, ha sido diverso y exuberante. Allí están sus incontables artículos periodísticos, sus pasillos “Viajera”, “Sabor de Lágrimas” sus poemas coloquiales y vernáculos a la “Panaderita del Vado” al sin par “Monte Cojitambo” sus poemas en prosa “El país de la Gaviota” 1941 sus ensayos: Ámbito y dimensión de Justo Sierra (1950); Estirpe de la danza (1951); Hombre, destino y paisaje (1954); y tantos otros, aún inéditos, perdidos y ojalá algún día reencontrados, más allá de los avatares del destino.
Es hora pues de maravillarnos ante ese oculto signo que intentó a través de su vida aprehender este hombre íntimo y desconocido, este poeta que iluminó nuestro transitar por su palabra, este hechizado por la poesía que amó sus recovecos, los insondables artificios de la metáfora, y que marcó una huella indeleble en nuestro espíritu.
OCULTO SIGNO
Dame tu rosa náutica, palabra alucinante,
Palabra de mi verso, y un rastro de resacas,
Y cunda un mar sonámbulo, y un coro de emigrantes
Asombros hienda el piélago que comienza en sí mismo.
Y venga de mi sangre — violeta estremecida —
La lámpara que grite sobre vientos antiguos;
Y muévanse en mis manos territorios jadeantes,
Y rueden sobre mi alma universos marinos.
Entrégame, oh sustancia poética, el aliento
Que esparces sobre el agua sedentaria que vivo.
Entrégame un dormido archipiélago en brumas,
Un licuado fantasma, un rostro ennegrecido
De dolor, y que ruja el huracán melódico
Su cántico agresivo.
Entrégame la pronta escafandra, y la verde
Cabellera arrastrada de música, y el grito
Soterrado en el pecho del hombre sumergido.
Sea el cambiante rostro del canto, y sea el trémulo
Reverberar del agua con danzantes tritones,
Y el gesto de esperanza del piloto, y las fauces
Del viento que no inquieta ni conmueve en la noche
LA ETERNIDAD DEL SIGNO.
Bibliografía
* Soruco Sologuren, Ximena, “Una “Biografía” Urbana De Linaje Colonial” Cuenca, Revista Arca, Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Azuay. 2003. pp. 31-34.
(*) Valdano Morejón, Juan. Prole del vendaval: sociedad, cultura e identidad ecuatorianas. Quito: Eds. Abya-Yala, 1999. pp. 351-384.
* Astudillo y Astudillo Rubén, Presencia y Signos de la Literatura Ecuatoriana, Seminario “En busca de América Latina y el Caribe a través de su literatura” Estados Unidos 1999
* Adoum Jorge Enrique, Antología de la poesía ecuatoriana, Quito Eds. Círculo de Lectores, 1993. pp. 215-216
* Tello Marco, El patrimonio lírico de Cuenca, un acercamiento generacional, Cuenca, Eds. Universidad de Cuenca, Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias de la Educación, Departamento de Cultura, Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Azuay. 2004. pp. 260
* TEXTO Tema: La Palabra Escrito de Martin Heidegger
http://personales.ciudad.com.ar/M_Heidegger/palabra_significacion.htm LA PALABRA La significación de las palabras Martin Heidegger Traducción de Pablo Oyarzun Robles. Edición electrónica de www.philosophia.cl / Escuela de Filosofía Universidad ARCIS.
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