viernes, 26 de marzo de 2010

entrevistas


Una niña que recitaba versosajenos, hoy publica sus obras
La poeta Catalina Sojos, apasionada por la vida, es capaz de jugar con el lenguaje en delicados versos para niños o en audaces poemas eróticos

Antes de leer y escribir, Catalina Sojos aprendió a recitar. Su prodigiosa memoria y la frescura musical de la voz asombraban a los miembros de familia convocados por la madre –la maestra que escogía los poemas- para admirarla y aplaudirla.Así, la poesía entró para siempre en su vida. Cuando hace diez años Mónica, la mayor de las hijas, le confió que estaba embarazada, lo que se le ocurrió fue hacer versos para darle la bienvenida a David, el primer nieto: “Yo nunca aprendí a tejer chambras y lo único que podía hacer eran poemas. Así nació El Brujillo”, dice refiriéndose al poemario que luego de dos ediciones nacionales, el año pasado salió en una traducción al italiano: Stregoncello…Ella siempre hizo versos, los llevaba en la sangre. Pero desde el “bodrio espantoso” que compuso a los 14 años, enamorada por primera vez, ha ido puliendo el oficio poético con permanentes lecturas y trabajo sobre el lenguaje: “No es cuestión de intuiciones o de que le vengan con la inspiración los ángeles. La creación poética es fruto de rigurosa investigación y entrenamiento”, dice la madre y abuela que le gana tiempo al tiempo para encontrar momentos en los que elaborar sus textos. Lleva publicados siete libros de poemas.Es autodidacta. En los años 60 del siglo pasado estudió secretariado en la Academia Páez. Por eso, ahora tramita en el Ministerio de Educación la opción de completar el bachillerato mediante estudios a distancia, para seguir luego una carrera universitaria corta. Sencilla, transparente, no oculta sino cuenta, como ejemplo de realización personal, estas experiencias.
En Familia, con su esposo Enrique Martínez Vázquez, en medio de sus hijos María del Carmen, Mónica y Andrés y los nietos María Paz y David Carpio.
Además, contrajo matrimonio antes de cumplir 18 años, pocos días después de terminar la carrera de secretariado, y se encerró durante 20 años para oficiar de ama de casa, aunque siempre dedicada con voracidad a las lecturas que le enriquecieron y formaron más que cualquier centro de estudios superiores.También se dio tiempo para incursionar en el teatro en el grupo ATEC (Asociación de Teatro Experimental de Cuenca), lo más representativo que ha dado Cuenca en arte escénico, con maestros como Francisco Estrella Carrión, Estuardo Cisneros y Edmundo Maldonado, fallecidos los tres. En los años 80 hizo cine, bajo la dirección de Carlos Pérez Agustí, en la película La Última Erranza.La trayectoria cultural de Catalina Sojos ha sido multifacética, fruto de grandes esfuerzos y decisiones, venciendo obstáculos y dificultades: “El cuencano es un ser maravillosamente puro, ingenuo, pero con muchos prejuicios, especialmente frente a la mujer escritora: no soy feminista, pero siempre hay un techo que impone el varón”, dice, aunque reconoce que la mujer va alcanzando, al fin, independencia y autonomía.No es un problema local de género, sino un fenómeno cultural del país. “A la mujer le falta bastante para ser más valorada en muchos órdenes. Para la política, por ejemplo, se escogen cantantes, figuras de la televisión o de la farándula, no mujeres con méritos personales o intelectuales capaces de asumir rangos principales”.Como escritora, ha aprendido a afrontar dos mundos disímiles: el intelectual, y el de la realización personal como esposa, madre y abuela. La familia ha sido el refugio ideal para que, en vez de contraposiciones, haya gratificación: “Mi marido es médico, pero nos unen grandes afinidades. Somos una pareja de caracteres y profesiones disímiles, que vemos igual la vida desde el punto de vista estético, cultural y moral. Es un hombre que gusta del arte, la música, la lectura, y escribe, tiene publicado un libro”, comenta.Además, él respeta su independencia intelectual y jamás intenta influir en su obra poética: “En mi poesía no interviene nadie más que yo. Escribo lo que quiero, es mi voz, mi manera de expresión”, dice con aplomo de poeta que aborda con igual pasión temas infantiles o eróticos, convencida de que el escritor gusta llegar al público y de que falsean los autores que afirman que escriben para sí mismos.Una obsesión de su poesía es Cuenca. “Los espacios, el lenguaje de la ciudad real y utópica, problemática, caótica, abandonada, que ha cambiado tanto desde los años 60 de nuestra juventud. Quienes pasamos de la cincuentena experimentamos la gran rebeldía del siglo, somos testigos y artífices del despertar y el alienamiento en que se sumergió la ciudad con la migración; se perdió la familia, el coloquio, la visita de amigos, el sentido humano…; nos extraviamos en nuestra propia ciudad, donde el ciudadano no puede ser solo el transeúnte”.En madurez plena, Catalina Sojos, la niña que encantaba a los familiares y amigos recitando poemas escogidos por su madre, es hoy una de las voces más lúcidas y fecundas de la producción literaria del Ecuador.
Catalina Sojos con sus nietos David y María Paz.

El camino recorrido
Catalina Sojos, autocrítica responsable, escribe mucho, pero publica poco. En 1989 le sorprendió el premio Gabriela Mistral a su poema La Espera, que había enviado reservadamente al concurso promovido por la Sociedad Femenina de Cultura una amiga. ¡Qué sorpresa!Fue, además, un gran estímulo para perseverar en el oficio. En 1992 la Municipalidad de Quito le confirió el Premio Jorge Carrera Andrade por su libro Tréboles Marcados.
Tiene publicados, además los libros Fuego, Fetiches, Brujillo, Cantos de Piedra y Agua, Láminas de la memoria, El Rincón del Tambor. Próximamente una editorial de Quito publicará Mural, recopilación antológica de poemas de varias épocas y libros anteriores, más poemas nuevos: “Es un recorrido por mi vida literaria”, dice.Actualmente es Directora de Proyectos de la Casa de la Cultura de Cuenca, función que le permite una relación cconstante con obras y autores. Pero, sobre todo, estar cerca de un maestro de su admiración, Efraín Jara Idrovo, Presidente de la entidad: “Es agradable para mí trabajar directamente con él, porque aparte del trabajo institucional, recibo de él diariamente clases de filosofía o literatura y un gran enriquecimiento. Doy gracias a la vida por permitirme ser, además de funcionaria junto a él, su alumna”, dice.La edición de El Brujillo en italiano, por Associazione di Solidarietá Internazionale, la Provincia Autónoma Di Trento y Edizioni 31,es un gran premio para la poeta pero, por sobre todo, el reconocimiento de su obra fuera de las fronteras patrias, ratificando aquello de que nadie es profeta en su propia tierra.













ENTREVISTA PARA TINTAJÍ

Alta, de rostro enmarcado con un fino cabello lacio. Catalina Sojos (Cuenca 1951), se desempeña como directora del Departamento de Proyectos Culturales de la Casa de la Cultura, Núcleo del Azuay y como directora de la revista de cultura Arca de la CCE en la misma provincia. Poeta y narradora. Ha publicado algunas obras como "Fuego" (Cuenca 1990); Tréboles Marcados (Quito, 1991) por la que recibió el Premio Nacional de Poesía Jorge Carrera Andrade en 1992, Cantos de Piedra y Agua (Cuenca, 1999), en poesía infantil Brujillo (Cuenca 1997); Ecuador (Quito, 2002), entre otras importantes obras.

Su vida como poeta y narradora tiene dos almas. Cuenca a la que considera "su madre, enemiga y amiga" y Quito como una ciudad que creyó en su talento y de la cual se siente muy agradecida. Por ello su poesía describe a su Cuenca "querida" donde se descubren historias poéticas y Quito por la que siente un gran cariño.
Quizá lo que mejor define a Catalina Sojos es la forma de inventar la poesía a través de un lenguaje sencillo. Para ella la poesía es una manera de callar y revelar al unísono, para que "el texto se despedace una y otra vez". A diferencia de otras poetas, la obra de Catalina es conceptual, llena de símbolos e imágenes que se descubren en "cada fracción que se unifica como un todo". Para Catalina la poesía "sobreexiste, pero el poema es real". Tan real - simbólica como la mujer que siempre figura en sus estrofas y que se libera a través de su lenguaje poético. "Mi cuerpo desata un vendaval de mujeres", para Catalina la poesía no es exclusiva, no es cuestión de género sino de sensibilidad.
Se considera a sí misma como una bibliófaga, un apetito que tuvo desde pequeña
y que ha marcado su vida literaria. Gusta de la literatura ecuatoriana, de autores como Jorge Enrique Adoum y Efraín Jara. Para ella las letras en el país están en un constante cambio. "En un mundo globalizado es necesario forjar una identidad literaria propia, donde la poesía sea un significante de lo que vivimos". Considera que "el lenguaje literario debe ser una sugerencia al lector". "Es una forma de comunicación donde el lenguaje debe ser decodificado".
Para Catalina Sojos, la innovación es imprescindible para que el escritor se mantenga en constante confrontación entre su obra literaria y su público. Llevada por esto, siempre explora con diferentes lenguajes. Su espíritu cuestionador posibilita mirar con otros ojos a la poesía y a la mujer y dotar a ambas de riqueza literaria a través de un lenguaje contemporáneo. En su obra quedan impresos el deseo y la rebeldía de una mujer, de un ser humano que evoca sentimientos y que siempre queda inconclusa.
Ylonka Tillería
Periódico Tintaji primera quincena de Abril 2004.

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