MONTAÑITA
15 de febrero de 2010
en montañita los desayunos se sirven a la una de la tarde. el muchacho cae fulminado en la vereda. suena pláf, el cerebro. la chica hace las veces de madre, acerca algo a su nariz, de inmediato el joven se levanta. tiene una botella en la mano. títere que, en un instante vuelve a funcionar. tieso y resquebrajado, mira sin ver.
algo suena. es el tum tum de los bongós maquillados para turistas. almas que deambulan en el limbo.
las cañas huelen a orina. se venden sanduches con pan blanco y marihuana.
un muchacho de bigotillo dorado reprende a otro, porque debajo del mantel las moscas no han consumido todavía.
pasa un gringo con pantalones multicolores. habla solo en un idioma que no entiende. las chicas se prostituyen en la calle. el amor escapa hacia la espuma mientras el mar revienta.
una bruja gorda sale de las olas, lleva un vestido negro pegado a su piel de naranja. el bonete revolotea en el viento. lo atrapa y ríe. las muelas dentadas de las rocas desafían a los pocos surfistas que vuelan desde el otro lado del mundo.
puertas pintarrajeadas se abren. momias se retuercen en las habitaciones de bali, pakistan, rusia, mientras televisiones encendidas evitan que su ulular llegue a los oídos transitorios.
otro yanky peina sus canas entre bolas de paja, agarra la bombilla y enciende sus lámparas para la noche. el averno se descuartiza en los cuadrones de la policía negra, cómplices de la compraventa.
cuerpos, cuerpos, en un desfile triste. desgarramiento sordo, inclemente.
niños dolientes debajo de hamacas, en balcones sin horizontes.
todo pesa en montañita del ecuador, el shangrilá de los desterrados de sí mismos. el simulado y decadente refugio de los hippies.
cae el sol sin que nadie lo note.
descubro mis pies hinchados, rojos. agonizantes.
un anillo en mi mano izquierda me recuerda el vómito de la línea blanca, aquella que dibuja un muerto en la calle antes de embutirse en la nariz adolescente.
he traído un escorpión y una araña. el hijo sonríe. su mirada límpida me acoge.
necesito inventar que nos queda un grillo, un río, un sonido hueco que restituya el alma taladrada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario